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Alfonso Zárate

¿Insulto o diagnóstico?

Alfonso Zárate Flores, director general de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C. (GCI), es licenciado en derecho por la Facult...

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16 de abril de 2009
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“En la propaganda política o electoral que difundan los partidos deberán de abstenerse de expresiones que denigren a las instituciones y a los propios partidos o que calumnien a las personas”.Artículo 41 constitucional

Don Mariano Vázquez fue un médico neurocirujano de excepcionales cualidades profesionales y humanas; no fueron pocas las veces que operó a un paciente de escasos recursos sin cobrar un centavo de honorarios, algunas veces le llegaban a pagar una intervención quirúrgica con un guiso delicioso o con unos animalitos que aceptaba gustoso. Uno de sus orgullos fue la Escuela de Medicina Rural del IPN, hoy Escuela Superior de Medicina, a cuya fundación contribuyó y a la que le dedicó, tanto en la docencia como en la investigación, sus mejores años. Era un hombre culto, reflexivo, fascinado con el origen de la vida. Una vez, sin embargo, ante la necedad de un mentecato, le espetó esta frase: “¡Es usted un pendejo!”. “No me insulte, doctor”, le dijo el aludido. “No es un insulto”, aclaró don Mariano, “es un diagnóstico”.

Como inició la temporada de pesca (electoral), la rudeza prevalece en la arena política, todos contra todos. Los adjetivos (des)calificativos de “corrupto”, “narco”, “inepto” se repiten con frecuencia, pero no siempre llevan la intención de denigrar o calumniar, lo que prohíbe la Constitución; a veces son meras definiciones. Basta revisar la nómina de candidatos (o frustrados aspirantes a curules) de los tres principales partidos, para constatar la presencia de personajes que en vez de pretender dietas y fuero podrían estar en centros de reclusión: Víctor Flores (PRI), el mandamás del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana; Elpidio Concha (PRI), uno de los agresores del profesor Serafín García, muerto a palos en Huautla de Jiménez, Oaxaca, hace cinco años; Miguel Ángel Almaraz (PRD), detenido por la PGR por su presunta participación en robo de combustible; o Rodolfo Bastida Mendoza (PAN), de una familia de invasores de predios, engalanan las listas de candidatos que darán lustre a la Cámara de Diputados.

Los partidos postulan candidatos que representan fuerzas reales, pero también a figuras carismáticas que pueden sumarles votos (artistas, deportistas) y a otros que, a pesar de su desprestigio, constituyen arreglos (compromisos, complicidades). Poco parece importar que tales personajes deban encarnar la representación nacional en una de las cámaras del Congreso y, en esa condición, asumir responsabilidades legislativas.

Desde que la disputa electoral dejó de ser una simulación, se enquistaron prácticas perversas. El marketing reemplazó la estrategia política, los argumentos fueron reemplazados por eslóganes, las ideas por imágenes, las ofertas programáticas por ideas-fuerza encapsuladas en spots. Los “creativos” de las agencias de publicidad —ésos que en otro tiempo componían frases como “Mejor, mejora, Mejoral”— hoy hacen mercadeo político, la mayoría de las veces con poco ingenio y mucha desfachatez.

En su lucha por la supervivencia, el Partido Social Demócrata (PSD) se sube al ring buscando que los adversarios le hagan “el caldo gordo” y respondan a la provocación (la mejor propaganda), por lo que puede reciclar a un antiguo panista como Francisco Solís Peón, Pancho Cachondo, y postularlo a la jefatura delegacional en Cuauhtémoc.

El PVEM ofrece “soluciones” tan imaginarias como primitivas (la pena de muerte), pero cada vez son menos los ingenuos que le creen a quienes han hecho de un partido un negocio familiar y de los cuates de Jorge Emilio González, el Niño Verde y legislador ad perpetuam que ha brincado sin pena ni gloria de la ALDF a la Cámara de Diputados y de allí al Senado.

El PRD, fiel a su vena populista, propone lo irracional como programa de emergencia: “Primero, subir cuando menos 12% los salarios y bajar los precios de los productos básicos”, y “reducción inmediata al precio de la gasolina y el diesel”. ¿Así sí?

El PRI sigue apostando a sus viejas clientelas, al poder feudal de sus gobernadores y alcaldes, a la ausencia de una cultura cívica y a tres realidades que, sólo por azar, coinciden con las siglas del partidazo: pobreza, resentimiento e ignorancia.

El PAN, por su parte, celebra el esplendor imaginario de ochos años de poder y no poder (foxismo y calderonismo) montando su propaganda en los programas de gobierno (para eso sirven las “políticas de Estado”, “sin sesgo partidista”), contribuyendo a la cultura democrática con guerritas de lodo y sopa de letras o comprando “candidatos externos” en el mercado del oportunismo sindical (Valdemar Gutiérrez, dirigente de los trabajadores del IMSS).

¿Quién da más? Si, como dice el refrán popular, “prometer no empobrece, dar es lo que aniquila”, la feria de promesas nos atosigará los próximos tres meses. Pero no se trata, como sugiere el IFE en sus promocionales, de revisar los mejores proyectos —porque los candidatos sólo buscan decirle a la gente lo que ésta quiere oír—, sino de analizar las trayectorias: no lo que dicen que van a hacer sino lo que han hecho, pero ahí se desinflan. Lamentablemente, el galimatías que constituyó la más reciente reforma electoral reduce la posibilidad de contrastar las historias de los candidatos porque lo que para unos es mero diagnóstico, para otros es insulto.

Director de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC



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DF 16 de abril del 2009 11:26

Excelente texto como siempre.

Milpa Alta 16 de abril del 2009 08:00

La nueva versiòn de ciencias polìticas que intenta orientar las visiones y acciones, desde las deficiones de temas a abordar en campañas, hasta la manera de gobernar, de los neopolìticos mediante encuestas y asesorias de expertos, la explica el señor Zàrate y nosotros habrìamos de aceptar dichos mecanismos conductores como sosìas a las decisiones democràticas. Señor Zàrate, muchas veces le he leìdo sobre la volatilidad (o falta de compromiso) de los actores polìticos (individuos, partidos, instituciones) que son un dìa militantes del PRI, luego lo son del PAN, y en desconsuelo, de cualquier otra pandilla polìtica. Los ejemplos de Valdemar Gutièrrez, y de Carlos Hermosillo, y de Ana Guevara y de Demetrio Sodi no son excepcionales, son muestras de la altura ideològica de los polìticos que "pagan" por verse bonitos (como lo hace desde hace mucho Peña Nieto).


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