Hace tiempo le había comentado que la crisis económica global sólo podría llegar a su fin si el gobierno estadounidense rescataba a su sistema financiero.
A pesar de los 800 mil millones de dólares que Obama consiguió que el Congreso le aprobara para impulsar su economía, no iba a darse ningún efecto hasta que no hubiese claridad sobre el futuro de bancos e instituciones financieras. Bueno, pues hace unos días, el lunes 21 de marzo, por fin el secretario del Tesoro estadounidense anunció que se van por la vía del Fobaproa. Ya también habíamos comentado aquí que sólo existían dos alternativas, ésa o nacionalizar la banca. Este segundo camino tiene la ventaja de que es más difícil que los banqueros aprovechen el rescate para cometer algún tipo de fraude, comparado con la vía Fobaproa, pero tiene la desventaja que requiere una operación mucho más complicada, y puede poner demasiado nerviosos a los mercados. Por eso Obama se resistía a decidir, porque la nacionalización no era aceptable para los republicanos, y la vía Fobaproa no lo era para los demócratas. Finalmente opta por esta segunda, aunque eso cause problemas con sus seguidores, en la esperanza de que poco a poco logrará contentarlos. Claro, además de que ya con los 800 mil millones de gasto los demócratas no pueden quejarse demasiado. Si usted sigue a nuestro colega de páginas Paul Krugman, habrá notado que desde que se le otorgó el Nóbel ha sido mucho más agresivo en sus propuestas. No sólo eso, sino que sus ideas han sido cada vez más radicales. Algo similar le ocurre a otro premio Nobel, Joseph Stiglitz, con más pedigrí que Krugman en lo académico y con experiencia en agencias internacionales, pero que también se ha convertido en gran radical. Ambos preferían el camino de la nacionalización, y ambos insisten en que con 800 mil millones de paquete de impulso no alcanza ni para el arranque. A ambos les han contestado desde el gobierno de Estados Unidos como corresponde: una cosa es escribir, otra es operar. Y operar en la magnitud que hoy hablamos, es verdaderamente complejo. En realidad, no importaba tanto si nacionalizaban banca o seguían la vía Fobaproa, lo urgente es que quedara claro por dónde se iba a mover el gobierno de Obama. Lo más preocupante era ver que no había decisión, y eso sí es costoso. Una vez decidido, unos se enojan, otros no, pero todos empiezan a planear sobre algo que ya tiene un piso. Y eso ha permitido que las bolsas de valores se estabilicen un poco, y las noticias buenas, que cada vez son más, tengan ahora repercusiones importantes. Recuerde usted que desde octubre, cualquier noticia mala hundía al mercado y cualquier noticia buena pasaba sin que nadie le hiciera caso. Hoy ocurre al revés, cualquier noticia buena impulsa al mercado y a las malas casi no se les hace caso. Es un cambio de ánimo en el mercado que no debemos menospreciar, porque el mercado está hecho de eso. Sin embargo, las noticias buenas en realidad sí lo son. Durante febrero, según los datos que se han publicado, se construyeron más casas nuevas en Estados Unidos, y se vendieron, que no es poca cosa. Se vendieron también más casas usadas, y crecieron las órdenes de compra. Muchas señales de que la actividad económica ha tocado fondo. No son señales de recuperación aún, pero sí de fondo. La actividad industrial en febrero siguió cayendo, pero a un menor ritmo, y según el indicador adelantado del Institute for Supply Management publicado ayer mismo, en marzo ocurrirá algo similar. En consecuencia, es perfectamente posible que en marzo o en este mes de abril estemos en la parte más baja de la crisis, y la recuperación empiece, poco a poco, a notarse en mayo. No va usted a ver grandes crecimientos, pero verá menos caídas. Los datos, comparando contra el mes anterior, serán cada vez más positivos. Comparando contra el año anterior seguirán siendo negativos por un buen rato. Ahora bien, esto no significa que la Depresión se ha librado. En 1929 y 1930 las cosas no fueron tan malas, el problema serio ocurrió en 1931. En octubre de 1929 ocurrió la caída famosa en la bolsa, pero durante 1930 hubo varios momentos de crecimiento en el índice. En 1931 vino la quiebra de Credit Anstalt en Austria, que era el banco más importante de Europa Central y del Este, y en ese mismo año quebraron los bancos en Estados Unidos. Eso es la Gran Depresión, una secuencia de hechos que dura cuatro años y en los que la actividad económica en Estados Unidos se reduce a la mitad. Hoy mismo tenemos un serio problema en Europa Central y del Este, en donde los países tienen una inmensa necesidad de dinero y no pueden pagarle a los bancos que les prestaron, que son bancos europeos. No hay todavía acuerdo de cómo financiar a estas naciones, y un error de visión puede dar origen a una espiral de quiebras. Pero esto es catastrofismo. De momento, las señales son positivas, y podemos esperar que en los próximos meses haya cada vez más números negros y menos rojos, más buenas noticias y menos malas. No una recuperación espectacular, pero dejamos de caer. Y eso tampoco es para menospreciarlo. Sólo le dejo ahí el dato de que el sistema financiero mundial sí tiene problemas todavía. Estados Unidos es muy importante, pero no es todo. |