alejandro.villagomez@cide.edu
Para entender la importancia del plan anunciado por el presidente Obama esta semana sobre los activos tóxicos en el sistema financiero y su impacto en nuestro país, es necesario recordar que el problema fundamental de esta crisis, y que no ha sido resuelto aún, es el referido a la situación de las hojas de balance de las instituciones financieras, en donde la fuerte desvalorización de los instrumentos financieros en general y la insolvencia de los deudores ha significado un ajuste de capital, colocándolas en una posición prácticamente de insolvencia y con posibilidades casi nulas de obtener más capital en el mercado.Pero peor aún, no conocemos con precisión el tamaño del hoyo negro generado, lo cual explica que después de los primeros apoyos a entidades como Bank of America, AIG o Citi, hayan regresado a tocar la puerta por más recursos. Es difícil estimar el monto de las pérdidas del sistema, pero a inicios de marzo, Goldman hablaba de 2 billones de dólares (trillones estadounidenses), mientras que Roubini de alrededor de 3.6 billones (trillones), de los cuales 1.8 billones correspondían a los bancos y brokers estadounidenses y el resto estaba en el sistema financiero internacional. El problema es que, conforme pasa el tiempo, estas estimaciones van creciendo. No desarrollo más este punto por espacio, aunque lo discutí en mi columna del 11 de marzo y con mucha mayor amplitud en mi Blog “Tintero Económico Diario”. Lo que me importa destacar es la solución propuesta por el gobierno de EU, bajo el entendido de que mientras no se resuelva este asunto, la crisis en el sistema financiero se mantendrá, con todos los efectos que ya hemos visto y otros peores. Este no es un plan nuevo, sino que forma parte del plan anunciado a principios de febrero, en el que se señalaba, entre otras cosas, la creación de un fondo público-privado para absorber los activos tóxicos del sistema, junto con la introducción de “pruebas de estrés” para detectar las condiciones de los principales intermediarios y definir las acciones a tomar. El plan de esta semana es precisamente el detalle de la parte que corresponde a los activos tóxicos. Los documentos son extensos y también pueden ser consultados en mi Blog, pero en palabras de Geithner, el secretario del Tesoro, estos fondos tienen tres características esenciales. Primero, usarán recursos públicos en la forma de capital del Tesoro, y financiamiento del FDIC y de la Fed para movilizar capital de inversionistas privados. Segundo, el programa de inversión público-privado asegurará que estos participantes compartirán riesgos junto con los contribuyentes. Tercero, los compradores del sector privado establecerán el valor de los créditos y activos comprados bajo el programa, que protegerá al gobierno de pagar en exceso por estos activos. Pero al mismo tiempo estos son los principales problemas en discusión. Dada la difícil valoración de estos instrumentos en la actualidad, parecería que la forma en que está diseñado este programa permitiría que los participantes privados se beneficiaran de las ganancias en el futuro, pero no tomaran pérdidas importantes de no resultar favorable la transacción. Estas pérdidas serían para los contribuyentes. Al menos éste es el punto central de Krugman en su opinión desfavorable sobre la propuesta (entre otros académicos). El mercado aparentemente lo recibió de manera positiva, pero es probable que parte de esta respuesta sea precisamente porque el trato es muy favorable para estos inversionistas privados e intermediarios. La alternativa a este “banco malo” sería el asunto de la nacionalización, pero hemos visto que el tema ideológico ha sido mucho más dominante con esta opción, aunque se trate de algo temporal. También hay un tema de diagnóstico, porque en esta última opción es importante aceptar que la insolvencia es de todo el sistema y no sólo de algunos bancos, como señala Roubini. En todo caso, si Krugman tiene razón, sería una tragedia para los contribuyentes estadounidenses, pero para el resto del mundo, entre ellos México, es realmente urgente que este plan sí funcione, y rápido. Entre más se prolongue y profundice la crisis financiera, peor será el impacto en la economía mundial. Y tal vez una visión optimista de esta propuesta es que, si no resulta muy efectiva en cuanto a su solución técnica o de justicia, al menos parece estar generando una respuesta positiva en términos de expectativas (ver la reacción de los mercados), lo cual podría romper con el círculo vicioso de falta de confianza en los mercados y detener la caída en el precio de los activos financieros. Esto ayudaría a una reversión más rápida de este proceso, si es que el problema de los “espíritus animales”, como señala Shiller, es el principal obstáculo para revertir tendencias descendentes en los mercados. Sólo el paso de los días nos mostrará si estas primeras reacciones perdurarán y sí este es el plan que se estaba esperando como solución factible. |