Sirvienta
Subdirector de Opinión de EL UNIVERSAL. Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Es...
Más de Ricardo Raphael7 comentarios | 444 lecturas
A Marcelina Bautista
…mucama, chacha, gata y otros nombres tanto o más denigrantes reciben en México las empleadas del hogar. Son alrededor de 2 millones de personas y, sin embargo, sobreviven en la casi total invisibilidad.
Narra Octavio Paz, en Máscaras mexicanas, un episodio personal a propósito de la relación que en nuestro país sostenemos con este sector de la población. Trabajando solo en casa, el poeta escuchó ruido fuera de su despacho. Inquieto preguntó quién andaba por ahí. La respuesta fue aún menos tranquilizadora: “Nadie, señor”.
Y en efecto, el empleo doméstico lo realiza en nuestro país una persona que es asumida, y se asume a sí misma, como nadie. No merece respeto. No es valorada en forma alguna. En la empleada doméstica recaen casi todos los modos discriminatorios de que los mexicanos somos capaces:
Nueve de cada 10 personas que desempeñan esta actividad son mujeres. Nueve de cada 10 son indígenas. Igual número no cuenta con protección en materia de salud. Ocho de cada 10 no tienen aguinaldo ni vacaciones pagadas, y tampoco cuentan con una pensión para cuando se jubilen. Ocho de cada 10 son emigrantes a las grandes urbes procedentes de los estados de Guerrero, Veracruz, Hidalgo, Puebla o Oaxaca.
Aunque sus edades varían entre los ocho y los 70 años, la gran mayoría oscilan entre los 12 y los 17 de edad. Su ingreso difícilmente alcanza, en promedio, una cifra superior a los ocho pesos por hora. Una de cada cuatro son madres de familia y los hijos de casi ninguna tienen acceso a guarderías. Con suerte obtienen un día a la semana de descanso y lo más común es que ese día —generalmente el domingo— deban regresar para darle de cenar al patrón.
Su reposo y tiempos de descanso suelen depender de las necesidades personales de todos sus patrones —niños, adultos, parientes y amigos de la casa para la cual trabajan—. El desayuno lo sirven al alba y el último bocadillo suele ser exigido casi antes de la media noche. Aunque las cifras al respecto sean oscuras, se reporta que alrededor de seis de cada 10 sufren violencia física, verbal, sicológica o sexual.
¿Cómo ocurre que alguien tan indispensable para la familia sea, al mismo tiempo, colocada en ese escalón tan de sótano de la sociedad mexicana?
Cuando, jovencísimas, llegan a trabajar, se les ofrece un conmovedor discurso: “Serás parte de la familia, como una hija más”. Con el paso de los días la empleada del hogar descubre que la bodega acondicionada como dormitorio para ella dista mucho de parecerse al resto de las habitaciones. Lo mismo que los alimentos que se le ofrecen y que el lugar donde se le permite ingerirlos.
Más tarde, ella toma conciencia de que es objeto de bromas y comentarios denigrantes. Gracias a ella, la familia que la emplea despliega todo un repertorio pedagógico que, por una parte, justifica los modos más lacerantes de la discriminación y, por el otro, confirma la supuesta superioridad “moral” de ciertas clases económicamente pudientes. Debido a esta pedagogía, son muchos los niños mexicanos que, desde temprana edad, normalizan, reproducen y perpetúan actitudes vejatorias.
El empleo doméstico de hoy tiene su cercano origen en la esclavitud. Por momentos no es siquiera posible distinguir entre uno y otro fenómeno. Trátese de empleadas de planta o de quienes realizan este oficio de entrada por salida, la denigración padecida por ellas habría de ser calificada como insostenible en pleno siglo XXI.
Ocurre porque sus patrones las consideran como mal agradecidas si no saben apreciar las grandes bondades que, en su religiosa buena conciencia, les ofrecen. Y también porque ellas, las empleadas del hogar, no tienen ni la más pálida idea de lo que por derecho y ciudadanía debería corresponderles.
Analista político
Columnas Recomendadas
Para comentar,
Iniciar Sesión o Regístrate
Crea comunidad. Comenta, analiza, critica de manera seria. Mensajes con contenido vulgar, difamatorio o que no tenga que ver con el tema, serán eliminados. Sólo se permitirán participaciones con menos de 500 caracteres.
Lee las normas | Políticas de uso | Políticas de privacidad
Recientes | Polémicos | Votados

Lo escucho con frecuencia en el Noticiero Enfoque, más nunca lo había leído, sus palabras son objetivas -gracias- por abordar un tema que prácticamente NADIE trata. ¡Felicidades!.
Es un tema difícil, aunque a mi no me gusta contar con este servicio, para mi esposa en normal tenerlo. Puede representar un dinero extra o una entrada de dinero para la mujer que lo realiza pero claro sin prestaciones laborales. Pero si yo no tengo un empleo fijo, ni prestaciones sociales ni laborales, veo difícil que pueda pagarselo a la señora de la limpieza. A mi siempre me parece relaciones de servidumbre arraigadas en esta cultura mexicanisima pero claro cuando uno lo menciona parece que uno blasfema!!! Finalmente por qué son mujeres quiénes realizan este tipo de trabajo, ¿por qué no hay hombres que ofrecen este tipo de trabajo?
¿Por qué hablan sólo de la "situación infrahumana, anticonstitucional y humillante" en la que laboran las empleadas domésticas? OK, está bien. Vamos a pagarles seguro social, horas extras y a invitarlas a tomarse la foto familiar, pero a cambio que paguen impuestos, la luz, el teléfono de sus llamadas al novio en EU, que pongan su parte proporcional de la comida que se comen, que trabajen sus jornadas de 8 horas completitas, que tengan reloj checador, una semana al año de vacaciones, 6 días laborales con uno de descanso, que perciban lo que corresponda a sus habilidades y currículum vitae, y que no se roben las pertenencias de la familia. ¿¿estamos???
La sirvienta de mi casa no es nada de lo que dice el analista político, gana igual que mi secretaria (4mil al mes), sale a las 4 pm y come igual que nosotros, ah! y con seguro médico. Creo que falta un estudio serio en ésto, ya las sirvientas dejadas, humilladas y demás que comenta Ricardo están pasando a la historia.
Lo del trato, eso si ni vuelta de hoja. Deben de ser bien tratadas. Lo de las prestaciones, uhmm, la mitad de ellas se iría de su trabajo. Imagínate en nuestra prodigo sistema laboral, en donde existen personas buenas y malas, al rato me demandan y se quedan con mi casa o la liquidan para cubrir sueldos caidos. Yo creo que la propuesta para cambiar este país es cambiar la legislación laboral, y crearles un apartado especial, porque en un rato de esos y se te van encima con todo y entonces se quedan con tu casa y tu hijo se queda sin hogar y sin leche. Concluyo que las intenciones son buenas pero la realidad legal no se apega a la necesidad actual. los mexicanos además debemos eliminar ese sentimiento de someter a los demas y ellas dejar de abusar. La nueva generación de domésticas ya no son las que describen, en serio, lo digo abusan en grande. Se los digo yo que no les pago mal y que no les limito nada. No hagan martires al 100%. hay sus excepciones y no contadas.
Pues yo no tengo ningun auxiliar en el hogar, trabajo en dos lugares y al terminar mis labores normales me fleto lo de casa... ¿eso no será explotación también?
Las sirvientas son un buen simil del papel de los ciudadanos en la pseudodemocracia mexicana. Parece que escribiste una métafora.