Como si se tratara de vendedores en un mercado público, cada uno de los partidos políticos intenta con sus gritos-spots llamar la atención del futuro elector.Los visitantes se encuentran, por ejemplo, con el puesto de los priístas y lo primero que miran es que está recién redecorado. La pintura se nota fresca y nada a simple vista remite a las viejas estructuras oxidadas ni a las antiguas prácticas que hicieron a los compradores alejarse en busca de otras opciones. Algunos (según encuestas) parecen muy cómodos con la imagen y creen plenamente que fue a fondo la remodelación. Otros juran que el local con todos sus vicios sigue siendo el mismo, sólo con una manita de gato. Justo enfrente se mira también estrenando imagen al puesto del PRD. Nada de grafiti en las paredes ni gritos desmesurados de los vendedores. La nueva administración, insiste, es tranquila y cualquiera es bienvenido: pobres, clases medias y ricos, que encontrarán un ambiente cordial, sin pleitos entre los encargados del negocio. Más adelante aparece el espacio del PAN, que se mira maltratado, aunque sus administradores juran que las pintas en las paredes son culpa de su competencia desleal. Con un rostro que muestra preocupación, los vendedores tratan de retener a los visitantes con el argumento de que han pagado todas sus cuotas de mantenimiento a tiempo. “Somos los más responsables”, aseguran llenos de orgullo, aunque eso no parece impresionar a los potenciales compradores. Y en medio de estos tres grandes locales, unos personajes llaman la atención. Por un lado, el apocalíptico, como le llaman, pues asegura que en otro mercado se estaría mejor y que lo importante es la salvación. “¡Salvemos México!”, insiste, convencido de que peor es mejor y de que mientras más desesperados se encuentren los visitantes, más posibilidades tendrá de que escuchen su prédica (PT y Convergencia). Finalmente, otros tres actores completan la escena: el que grita por los pasillos que la droga debe ser legalizada (PSD), el que clama por la pena de muerte (PVEM) y el que insiste en que el problema de todo —como termina cualquier discusión sobre el país— es la educación (N ueva Alianza). Así ha transcurrido hasta ahora la contienda electoral. Cada partido porta su propia agenda y trata de que el resto de los participantes se mueva en esa dirección, sin que ninguno lo haya conseguido. Mientras, los futuros electores, más que entusiasmados o halagados por la disputa, se muestran indiferentes o con una buena dosis de escepticismo. No obstante, los jugadores ya han definido su propuesta. Durante las próximas semanas algunos deberán cambiarla pues los primeros estudios de la temporada muestran que lo que tienen que decir a pocos les hace sentido. Otros pueden esperar a que la coyuntura les haga el trabajo. La aparición, por ejemplo, de un criminal de esos que hacen historia por su crueldad haría que el tema de la pena de muerte se convierta en un factor decisivo para ciertos votantes; el dólar se dispara a niveles inimaginables, y de pronto, ¡zas! los apocalípticos se vuelven la opción más atractiva. Lo importante en todo caso, como ocurre en cualquier elección, es ver quién logra construir una diferencia relevante. Es decir, qué partido logra vender algo que no sólo sea distinto —pues ya vimos que productos diferenciados sí hay—, sino que sea importante a los ojos de los compradores. Y ese criterio, con el que se elegirá, todavía no está definido. ¿Será la percepción de que el pasado era mejor y que hay que volver a lo conocido? ¿Logrará entusiasmar la idea de una izquierda mesurada? ¿O será efectiva la promesa de la conducta responsable en medio de la incertidumbre? Habrá que esperar al paso del tiempo para conocer qué jugador logrará imponer sus términos o quién logra convertirse en el actor que capta y capitaliza el ánimo del momento, lo cual siempre es más rentable que pretender ajustar la realidad. De ser así, todo indica que los que apuesten por los nubarrones quizá tengan más éxito que aquellos que pongan su apuesta sobre el optimismo, escenario que favorece a la oposición sobre el partido en el poder. Aunque esta historia apenas comienza y el desenlace todavía está por verse. Blog ‘Campos de Batalla’: http//blogs.eluniversal.com.mx/campo Politólogo |