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México D.F., a 3 de marzo de 2009 | 7:20 PM

Alejandro Páez Varela
Tebas desangrada
22 de febrero de 2009
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Usted usó drogas. Usted vendió drogas. Entre sus conocidos, un familiar, un amigo o un vecino usaron o vendieron drogas. Está en el pasado, pero es parte de su vida. Usted vio cómo crecía el narcotráfico en el jardín de enfrente y no lo denunció. Pregunta: ¿es usted enemigo del Estado?

Usted usa drogas. Un familiar, un amigo y un vecino venden drogas y no los ha denunciado, como pide el gobierno en su guerra contra el narco. Pregunta: ¿es usted enemigo de la causa del Estado?

Las autoridades le juran que ya no es como hace unos cuantos meses, cuando la actividad era regulada por alguna policía corrompida local o federal. Le dicen, y usted cree, que esta vez sí va en serio. Usted, ¿considera que si no abandona el consumo y denuncia a los que conoce quedará del lado de los malos?

Este debate ético y moral sobre la culpa se plantea desde el origen de nuestra civilización. En la tragedia griega, el Oráculo de Delfos condena a Edipo a su derrota cuando le pronostica que matará a su padre y que seducirá a su madre. Huyendo de su destino, entonces, Edipo se aleja de sus tutores sin saber que son adoptivos. En su camino encuentra a su verdadero padre, y lo ejecuta sin llegar a enterarse que era el rey de Tebas. Asume el reino y convierte a su madre, sin conocer la relación familiar, en su mujer.

Tebas, la ciudad que gobierna, es azotada por una plaga que llena de muertos las calles. Edipo decide investigar las razones de tanta virulencia, y el Oráculo le entera de que es por su causa; sus malas acciones, que ni siquiera reconocía como tales, han condenado a su pueblo.

Al enterarse de su derrota frente al destino; al conocer que es por su causa que los ciudadanos caen muertos en las calles, Edipo decide castigarse brutalmente. “Ni se sumará a las filas de los muertos, ni morará entre los vivos” (Oedipus, Séneca). Se arranca los ojos.

Como Edipo, los mexicanos despertamos hoy a una realidad brutal: nuestra sociedad está postrada por una plaga. Y esta plaga, que acaba con nuestros hijos, es consecuencia de nuestra indolencia deliberada (a diferencia de la edípica, “el destino” inalterable): atentamos contra la representación del Estado, y nos acostamos con los narcotraficantes. Toleramos la impunidad, corrompimos a un agente de tránsito y cerramos los ojos durante años ante la fusión de las policías con los criminales. Somos culpables; por tanto, ¿estamos del lado de los malos?

Al no plantear otra salida que la guerra, la estrategia del Estado contra el narco nos conduce a la tragedia. Se concentra en una acción armada y no asume sus propios errores (para trazar la expiación): permitió la corrupción social; no condujo una campaña efectiva contra las adiciones y no generó progreso para las comunidades, muy bien focalizadas hace unos cuantos años, que se estaban volcando hacia las actividades criminales. Y al no combatir el mal, ha condenado a esta Tebas a la plaga. La conduce, llena de culpas, a sacarse los ojos.

El error de la lucha contra el narcotráfico está en el concepto de “guerra”. Pide que los vecinos denuncien a los suyos con la sentencia de que “o están con los buenos o están con los malos”. No estuvo acompañada de acciones contra los criminales de altos vuelos, como los que lavan los millones de dólares producto del crimen organizado a través del sistema financiero. No lanzó una acción masiva contra las adicciones, como tampoco se dio tiempo para presentar alternativas (el perdón o la amnistía) a los absorbidos por el narco, quienes de facto quedaron del lado equivocado. No ofreció empleo para esos miles y miles que, ahora nos damos cuenta, por 800, 900, mil pesos se convierten en sicarios.

Las lamentaciones llegan siempre tarde porque se justifican en hechos, es decir, en el pasado. Por eso lamentarse ya no vale la pena. Lo que sigue, hoy que sabemos por el mismo gobierno que esta guerra armada llevará años, es revisar la estrategia en su conjunto (ya no será posible sacar al Ejército de las calles) para agregar los componentes que no consideró el gobierno federal, como la reconciliación social, como dar estatus de problema de salud al consumo y no como una falta moral, ética o, peor, civil. Como lanzar una cruzada contra la impunidad y la corrupción generadas desde el mismo gobierno.

Nuestra Tebas se desangra y hemos decidido arrancarnos los ojos, unos a otros, en lugar de apostar por nuestra sanidad social.

Las armas conducen inevitablemente a la tragedia. Asumamos que como sociedad perdimos la inocencia tiempo atrás y que el “castigo ejemplar” (sacarnos los ojos) no resuelve nada. Revisemos la estrategia, concentrada en la confrontación armada. Porque una nación que gasta más dinero en armas que en programas sociales, decía el doctor Marthin Luther King, va directo a su muerte espiritual.

Subdirector editorial de EL UNIVERSAL

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REALISTA
2009-02-22|17:39
VANCOUVER
SR PAEZ, OLVIDA QUE PARA ESO EL PUEBLO ELIGE UN GOBIERNO, QUIEN ES EL REPRESENTANTE Y LA BRÙJULA DEL ESTADO (EL PUEBLO), EL QUERER CULPAR AL PUEBLO POR LO QUE NO HIZO SU GOBIERNO, ES UNA FORMA COBARDE Y MANIPULADORA DE QUERER CULPAR AHORA A QUIENES DEPOSITAN SU CONFIANZA EN UN GRUPO DE PERSONAS PARA QUE LAS DIRIJAN Y LAS PROTEJAN.
boladepelos
2009-02-22|12:26
DF
Mi querido Alejandro, el problema ya no es el narcotráfico. El problema es la paramilitarización del crimen; el problema es que el estado ha perdido el monopolio de la fuerza -ya no policial- sino militar; el problema es que los asaltos, secuestros, extorsiones, etc. están respaldados con violencia paramilitar; el problema es que la sociedad mexicana está putrefacta y no cree en nada; el problema es que el crimen actualmente puede romper con cualquier resitencia y salir impune; el problema es que en México hay ejércitos privados; el problema es que la violencia en México parece un destino. El problema ya no es el narcotráfico, aunque ahí hubiera comenzado todo, pero ese ya no es el problema. Ojalá analistas como usted actualicen su visión de México y la profundicen, pues están sacando conclusiones de una realidad que ya no es.
jvazquez
2009-02-22|11:54
Puebla
Le felicito Don Alejandro, por tan acertado análisis, solo deseo hacer unas puntualizaciones, ya el problema esta, cual es la solución?. Mi propuesta es que tomando como antecedente que esta guerra solo esta alentando a el negocio del narcotráfico por las suculentas ganancias que ahora está generando (ha subido el precio de la droga, se debe de cambiar de estrategia, se debe legalizar la droga y que al igual que el alcohol y el tabaco paguen impuestos; Que esos impuestos se apliquen, SIN MERMA, como presupuesto adicional a salud y educación; Que las fortunas logradas por este ilícito se legalicen pagando un 50% de impuesto y que estos recursos también se apliquen a salud y educación. Esta propuesta es la solución que yo veo a la problemática existente. De lo polémico de la misma, estoy consciente, pero es que acaso debemos de seguir impávidos ante los 8000 asesinatos que se esperan para diciembre de este año?.
Lic.Prat
2009-02-22|08:45
Veracruz
Criminalizar a los adictos que son enfermos y no delincuentes comunes es producto de la dicotomía ignorancia/intolerancia, y lo que es peor aun, da soporte social y justifica de alguna manera las tácticas represivas del gobierno federal (o de cualquier nivel), cuidado con culpar a la sociedad de males propios de la complicada naturaleza humana. Sobre atacar las redes financieras del narcotráfico y/o cualquier organización criminal, coludida o no con las autoridades públicas, es obligación de todos pero sobre todo del mismo gobierno, ya que hoy en día las organizaciones civiles carecen de los mecanismos que le permitan lograr ese objetivo. Es cuestion de adjudicar a la sociedad civil el papel que le corresponde que es presionar al Estado para actuar de acuerdo a sus funciones, a su Raison d'Etat, pero no esperar de los civiles llevar a cabo responasabilidades propias de los gobiernos.
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  Acerca del autor

Alejandro Páez Varela (Ciudad Juárez, 1968). Periodista, escritor. Subdirector Editorial de El Universal, subdirector de El Despertador, empresa que edita las revistas Día Siete y Energía Hoy. Se ha desempeñado como editor, consultor y funcionario de medios en todo el país. Como articulista, reportero y/o escritor publica en México y el extranjero. Escribió las biografías de Cuauhtémoc Cárdenas, Roberto Hernández y Julio César Chávez para Los Suspirantes (Planeta, 2005), Los Amos de México (Planeta, 2007) y Los Intocables (Planeta, 2008), trilogía coordinada por Jorge Zepeda Patterson. Recientemente publicó Paracaídas que no Abre (Almadía, 2008). Blog: http://www.alejandropaez.net

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