Es práctica común de nuestros tiempos instituir días conmemorativos con el afán de obligarnos a recordar y hacer conciencia sobre los muchos retos que implica nuestra existencia en este planeta. Este 14 de febrero, por ejemplo, se celebra también el Día Mundial de la Energía y por ello vale la pena recordar que, pese a los avances del complejo proceso de reforma energética por el que transitamos el año pasado, México aún se encuentra lejos de haber resuelto los grandes retos de este sector. La proporción de las diversas fuentes de energía del país está concentrada en los recursos no renovables, de manera que más de la mitad de la electricidad se obtiene a partir de las reservas de combustibles fósiles, como petróleo, gas y carbón. La energía hidroeléctrica produce solamente 22% de la electricidad nacional. De esta proporción, casi el total corresponde a presas de gran capacidad, en vez de proyectos minihidráulicos de menor impacto ambiental. Cerca de 3% de la electricidad nacional se obtiene de la energía geotérmica y eólica, ambas renovables; sin embargo, el potencial de estas energías es mucho mayor. La energía solar, que es la de mayores posibilidades de desarrollo en México, no figura entre los combustibles alternativos para el transporte y la industria, porque no se han generado tecnologías para utilizarla a gran escala. El petróleo crudo sigue siendo el principal producto de exportación en México, y no se han generado productos alternativos para compensar la acelerada caída tanto de las reservas nacionales comprobadas como de los precios internacionales del hidrocarburo. En las plataformas petroleras existe todavía un dispendio importante de recursos, puesto que gran parte del gas liberado por los pozos escapa a la atmósfera, en vez de ser capturado y aprovechado como combustible. Las industrias cementera, siderúrgica, azucarera y otras tienen gran potencial no aprovechado para implantar proyectos de cogeneración de electricidad. El sector del transporte es el segundo más contaminante, produciendo 18% de las emisiones de CO2, debido a la ineficiencia de los motores, al exceso de transporte individual, a los vehículos pesados y al poco fomento de medios de transporte públicos y no motorizados. La demanda de combustibles fósiles en el transporte y las actividades industriales sigue siendo muy alta, porque no se han impulsado los combustibles alternativos como el etanol o el biodiesel elaborados con residuos de productos orgánicos y el hidrógeno. En México, las normas sobre eficiencia energética de electrónicos abarcan una gama pequeña de productos, en comparación con la gran variedad de electrónicos que se importan. La Comisión Nacional para la Eficiencia Energética continúa siendo, en la práctica, un organismo de consulta, sin facultades para imponer medidas correctivas y preventivas en materia de eficiencia energética. Aunque las edificaciones “inteligentes” son cada vez más comunes, aún es necesario reforzar las tecnologías de construcción de vivienda y edificios, que favorezcan el ahorro de energía eléctrica para iluminación y control de temperatura. Tendríamos que voltear a ver a países como China, Estados Unidos y Brasil, que están cambiando sus políticas energéticas como una de las principales medidas anticrisis. Presidente nacional del PVEM |