Los líderes que asistieron al cónclave en Davos atestiguaron la debacle de la supremacía del libre mercado y su capacidad de autorregulación. Preocupados por que el sistema financiero internacional no caiga en crisis sistémica, acordaron nuevas reglas del juego y adoptaron políticas anticíclicas para preservar el empleo y reactivar la economía, exhumaron las teorías de Keynes y sacaron del desván los principios de la intervención del Estado para resolver estos problemas.Lo anterior no ha sido fácil de asimilar por aquellos formados en los últimos 25 años con los principios del Consenso de Washington en prestigiadas “madrasas” de Occidente. Estos influyentes y poderosos fundamentalistas del libre mercado son como una hidra de mil cabezas, incrustados en puestos claves de gobiernos, instituciones financieras nacionales e internacionales, centros de enseñanza, empresas, medios, partidos, círculos de intelectuales y hasta organizaciones religiosas. Por naturaleza son resistentes a los cambios históricos, se oponen a la intervención del Estado más allá de lo necesario para salvar a los negocios, se resisten aceptar otros paradigmas y son incapaces de vislumbrar las acciones necesarias para impulsar el desarrollo económico. A Davos asistieron sólo dos presidentes latinoamericanos: el de Colombia y el de México, ambos de derecha. El presidente Calderón reconoció por fin que nuestro país se enfrentará a una pulmonía y presumió que su equipo está bien calificado para sacar al país de la crisis. Su fraternal encuentro con Zedillo le permitió a éste presumir la autoría del rescate bancario más caro de la historia, 20% del PIB, que todavía estamos pagando los contribuyentes. Lo que no se mencionó fue el rescate de bancos que no lo necesitaban y los negocios que se hicieron al amparo del Fobaproa. Tampoco se aclaró que el préstamo por 50 mmdd que nos hicieron en 1995 para el rescate bancario y su secuela del acuerdo con el FMI de 1999 implicaron dar de garantía la exportación del petróleo y compromisos para privatizar la generación eléctrica, la petroquímica, la distribución y el transporte del gas natural, los ferrocarriles, los aeropuertos y la banca. Por su parte, Fox continuó cumpliendo los compromisos de privatización y eliminó las restricciones para la entrada de capital extranjero; es así como ahora 80% de la banca comercial está extranjerizada, insólito en la mayoría de los países, preocupada únicamente por obtener utilidades para apoyar las ganancias de sus casas matrices. El financiamiento de la banca comercial a los sectores productivos disminuyó de 31% del PIB en 1994 a 9% en 2007; la banca de desarrollo fue prácticamente desmantelada disminuyendo su financiamiento productivo de 4% a 0.6% del PIB en el mismo periodo; y todavía nos preguntamos por qué no crecemos y somos competitivos. Por ello, una de las medidas indispensables es rescatar la orientación del ahorro interno y utilizar los instrumentos gubernamentales para hacer accesible el financiamiento a los productores, disminuyendo además las tasas de interés y las abusivas comisiones para hacer más competitiva la planta productiva nacional. Analista político |