George W. Bush era tan mal considerado en Europa que el nuevo presidente B. H. Obama ya es popular en el viejo continente, aun antes de haber tomado cualquier decisión. Su gira a Alemania, Francia y el Reino Unido durante la campaña electoral fue casi triunfal y no cabe duda que también lo será su regreso en abril próximo a Francia y Alemania para celebrar los 60 años de la OTAN. Pero más allá del estilo, los europeos pueden esperar un cambio en su relación con Estados Unidos. Si durante la administración de Bush, unos eran de Venus mientras otros de Marte, los dos pilares de occidente coincidirán más en sus concepciones, ya sea económicas con el fin de la fe ciega en el libre mercado o ambientales. Estados Unidos vuelve a ser un socio de Europa. En la política internacional, Europa no ha sabido aprovechar cabalmente el retiro de Estados Unidos. Ni frente a Rusia, ni en el Medio Oriente, ni en Asia, ni en América Latina ha emergido como un socio más fuerte e independiente. Su apoyo económico masivo a Al-Fatah no impidió la elección democrática de un partido islamista en Palestina, que la UE decidió boicotear e inscribir en la lista de organizaciones terroristas. De la misma manera, su enfoque más flexible hacia Irán no frenó el desarrollo del programa nuclear y su división ante el nuevo imperialismo ruso evidenció más su vulnerabilidad que su fuerza frente al vecino del este. Frente a Rusia e Irán, Europa está lista para asumir de nuevo el liderazgo de Estados Unidos. También lo está para la negociación de la paz entre israelíes y sus vecinos palestinos y sirios. Francia, el único país en adoptar tradicionalmente posiciones “disidentes” a nombre del continente, asume más el papel de socio que de rival. Como botón de muestra en 2009 regresará probablemente a todas las estructuras militares de la OTAN. Esta es la segunda suerte de Obama. Sin que sea su mérito, sólo tiene que recorrer una parte del camino para reencontrar a los europeos, pues ellos ya hicieron la otra parte con las elecciones de Angela Merkel en Alemania, Silvio Berlusconi en Italia y sobre todo Nicolas Sarkozy en Francia. Estados Unidos tiene interlocutores mucho mejor dispuestos hacia él que Schroeder, Prodi y Chirac. La única excepción parcial sería España pero, si su ministro Moratinos no mete la pata durante la presidencia española de la Unión Europea en 2010, Rodríguez Zapatero no quiere ni puede ser un opositor firme o peligroso para los intereses estadounidenses en el mundo. La salida de Bush es más bien una buena noticia para Madrid, después de las tensiones causadas por el retiro de las tropas españolas de Irak. Naturalmente, no faltarán los temas de discrepancia. Ya afloran con la suerte de los presos de Guantánamo o las demandas de un mayor compromiso europeo en Afganistán. Pero con enemigos comunes siempre más determinados, de Moscú a Teherán, y con un estilo distinto, solamente se puede prever un estrechamiento de los lazos en la relación más densa del mundo pues es la mayor en términos comerciales, de inversiones, militares y culturales, la relación entre Europa y Estados Unidos. |