He leído lo que expresó en estas páginas Carlos Salinas de Gortari con relación al libro que escribí: 1988: El año que calló el sistema. El título de su artículo, “El libro que hoy calló”, he de reconocerlo, en términos periodísticos me encantó. Pero he de decir también que no coincido con los planteamientos que hace sobre éste.El ex presidente pregunta: ¿por qué callar la información disponible sobre aquellas elecciones, particularmente que las 55 mil actas electorales de esa elección se encuentran en el Archivo General de la Nación (AGN)? La respuesta es sencilla: primero, sí las tomé en cuenta, sirven como referencia en diversos momentos durante las entrevistas. ¿Por qué no les doy mayor crédito? Porque no gozan de credibilidad. Esta consideración, en lo personal, deriva de lo que vi y viví como reportera durante el Colegio Electoral en 1988: el ver boletas semiquemadas volando por los aires; paquetes enteros de boletas completos, rotos o recuperados de las márgenes de algún río o desagüe; la cantidad de copias de actas falsificadas que mostraron los propios partidos de oposición. Y, además, por el hecho de haber sido quemadas las boletas electorales de la elección a mitad del propio gobierno de Salinas. Consulté a otros actores del 88 sobre la validez de las actas que están en el AGN y el hecho de que Salinas apelara a ellas como “la verdad histórica”. En la entrevista que le hice a José Newman Valenzuela, quien fue director del Registro Nacional de Electores en ese entonces, y que aparece en el propio libro que publiqué, él responde: “Él (Salinas) apela al recurso juridicista de ‘es la verdad sancionada por autoridad competente’ (...) Pero como dicen los abogados: el juez no resuelve sobre el caso, resuelve sobre lo que hay en el expediente”. Y a partir de ahí hace un análisis del entorno político y social que rodeó aquella elección. Le hice la misma pregunta a Cuauhtémoc Cárdenas, candidato presidencial del Frente Democrático Nacional en 88. Aparece también en el libro. Su contestación a si esas actas que se encuentran en el archivo significaban para él la “verdad histórica”, así como para Salinas, fue la siguiente: “Para mí no, porque volvemos a cómo fue la elección, y dicho por De la Madrid, no por mí. El 55% de las casillas sí se contaron y 45% no se contaron”. Los argumentos del ingeniero continúan, pero no quiero aburrirlos. Y como estos botones de muestra podría añadir varios, muchos más, y el chat que realizamos en EL UNIVERSAL hace unos días bien puede dar cuenta de las dudas que persisten sobre el resultado de la elección de 1988 a pesar de la existencia de las actas en el AGN. Por lo que toca a la reunión que sostuvo el entonces candidato del PRI con Manuel J. Clouthier y Luis H. Álvarez en casa del empresario Juan Sánchez Navarro el 27 de agosto de 1988 (antes de entrar siquiera a primera lectura el dictamen que declararía presidente electo a Carlos Salinas de Gortari) y los temas que ahí se abordaron, valga reiterar de entrada que ésta sí existió; lo reconoce el propio Salinas en su libro México. Un paso difícil a la modernidad, aunque al tema le dedica algo menos que una línea. En las “Memorias ¿apócrifas?” de Manuel Camacho también se da cuenta de esa reunión y se agrega que “a partir de ahí empezó a abrirse la posibilidad de dialogar sobre la posibilidad de posibles reformas, en la economía, en la vida política, en la relación con la Iglesia y en la educación”. Temas que, agrego yo, son los que cita José Luis Salas Cacho en el libro que publiqué sobre el 88 como parte del pacto para que Carlos Salinas pudiera obtener la calificación presidencial. Ahora, dice Salinas que una de las deficiencias del libro es publicar como ciertas versiones que no lo son. ¿Por qué incluyo en el libro la versión y la entrevista con Salas Cacho (amigo y coordinador de la campaña de Manuel J. Clouthier) en la que narra el pacto que sostuvo la cúpula panista con Salinas para que lograra convertirse en presidente de la República? Porque él estaba inmerso en la historia. Le tocó participar en ella a fondo y ello le otorga, al menos, conocimiento del tema. Segundo, me remito a las líneas que escribe Luis H. Álvarez en sus memorias, tituladas Medio siglo, en las páginas 236-237, a propósito del tema y de la labor de Salas Cacho: “Las distintas reuniones con el gobierno eran planeadas básicamente por cuatro personas: Manuel Clouthier, José Luis Salas, Abel (Vicencio Tovar) y yo. Los encuentros que tenía José Luis con Manuel Camacho eran analizados por nosotros posteriormente y los temas que debía abordar, así como el tono de sus posturas, los discutíamos hasta estar de acuerdo”. Con lo anterior no quiero decir que sea esta La Verdad con mayúsculas. Es, sí, el testimonio de quienes se atrevieron a recordar aquellos tiempos ante nuestra grabadora. Hecho al que, por cierto, Carlos Salinas no accedió. Le solicité la entrevista, leyó el cuestionario delante de mí y dijo: “Yo te avisaré”. Nunca me llamó. Volví a buscarlo antes de entregar el libro a Random House, y no recibí respuesta de su parte. Más bien diría que quien calló fue él. Periodista |