El presidente francés Nicolas Sarkozy fue sin lugar a dudas el político europeo más destacado en 2008. Y todo indica que lo será de nuevo en 2009. La crisis de Gaza, como la crisis económica del otoño, dio una nueva oportunidad de protagonismo a Sarkozy. Nada garantiza un éxito definitivo de la misión, pero ya es un éxito para Nicolas Sarkozy. Aprovechando la transición estadounidense, logró tres horas de cese al fuego con su homólogo egipcio y comprobó que su idea de Unión Mediterránea es concreta y útil. Cuando se logre, con o sin el presidente francés, un cese al fuego permanente tendrá como referencia su mediación. Francia, a pesar de haber cedido su turno semestral a la República Checa, conserva la iniciativa política en la Unión Europea. El primer ministro checo no pudo, ni quiso lanzarse a un día de haber iniciado la primera presidencia de su país de la Unión Europea en la historia, pues la República Checa sólo es miembro desde 2004, a una región tan compleja como el Medio Oriente. La República Checa no tiene la logística, ni la experiencia suficiente sobre Medio Oriente, ni sobre el funcionamiento de la política exterior común europea. En estos dos ámbitos, Francia como ex potencia mundial y colonial en Medio Oriente, fundadora de la Unión Europea en general y de su política exterior común en particular es irremplazable. Así, Sarkozy logra prolongar la presidencia francesa, al menos en cuanto a relaciones exteriores, el campo más visible y prestigioso de una presidencia de la Unión. En caso de conferencia internacional, será un interlocutor obligatorio. Aquí está la segunda victoria de Sarkozy, no solamente en el ámbito europeo sino también mundial. Durante décadas, la diplomacia francesa en Medio Oriente estuvo dominada por su “política árabe”. Se trataba de nutrir relaciones privilegiadas con el mundo árabe para seguir siendo importante política y económicamente en la región. Todos los presidentes de la quinta República siguieron esta política, pero su mayor exponente fue Chirac, que no dudó en vender a Saddam Hussein una central nuclear y en defenderlo ante la ONU. Sarkozy decidió romper brutalmente con su predecesor y enemigo político. Su acercamiento espectacular a Estados Unidos e Israel parece hoy rendir frutos. La “política árabe de Francia” no permitió al país galo evitar el terrorismo islámico en su territorio, ni ser protagonista de las principales negociaciones internacionales en Medio Oriente. Israel siempre vetó por razones evidentes la presencia francesa. En cambio, el 1 de enero, Tzipi Livni, la ministra israelí de Relaciones Exteriores y candidata a primer ministro viajó a París, y no a Bruselas o Praga para explicar a los europeos la postura israelí. Esto no impide que Sarkozy sea recibido en todas las capitales árabes. Esto sólo constituye una victoria de Sarkozy, quien establece un claro contraste con la ineficacia y ausencia de Chirac en la región, sin hablar de los problemas éticos que su política despertó. Claramente Francia le queda chica al presidente, pero debe una parte de su poder a la potencia, relativa, de su país en Europa. El reto es también saberlo modernizar y dinamizar. Esta apuesta parece más difícil de ganar en plena crisis económica y ante la resistencia de los franceses. |