Ahora que ha iniciado el año habrá que contener la respiración y sumergirnos en los próximos 365 días, que se anuncian complicados y llenos de incertidumbre.Tres áreas serán particularmente importantes para entender las directrices de 2009: los efectos de la crisis económica, las elecciones intermedias y el destino de la seguridad pública. A diferencia de los años recientes, en esta ocasión las variables de la economía se han movido completamente y los efectos críticos de la crisis en la vida cotidiana de las familias serán una dura realidad. La política estará marcada de forma importante por las elecciones intermedias, en las que se pondrá a prueba la reforma electoral. El resultado electoral formará el nuevo escenario legislativo que, junto con las elecciones locales, empezará a generar los primeros cálculos de la sucesión presidencial. La seguridad pública será un termómetro con el que se medirá el cumplimiento de promesas gubernamentales. El año empezó temprano en la materia con las nuevas reglas del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que fueron publicadas al despuntar el año. Dejaremos para otro momento lo que pueda suceder en la economía y sólo esperemos que el gobierno de Calderón se ponga en sintonía con las transformaciones que habrá en Estados Unidos bajo la batuta de Obama. Es muy pronto para especular sobre qué pasará con las directrices de este nuevo año, por lo cual se puede hacer un ejercicio que contraste los buenos deseos con la realidad. No se trata de plantear acciones imposibles, sino de escuchar lo que piden muchas voces de la calle. Cambios con mayúsculas, como los que vimos el año pasado en las elecciones en Estados Unidos, están muy lejanos en México; sin embargo, algunos cambios políticos con minúsculas pueden resultar significativos para la vida pública del país. No se trata de terminar de un golpe con la partidocracia —ese nuevo régimen de autismo en el que los partidos gozan de mucho dinero público, acceso a medios y poca vinculación con la ciudadanía—, pero sí se puede pedir que los partidos se comprometan a hacer unas elecciones diferentes a las de 2006. Se trata de darle un poco de oxígeno y viabilidad a un proyecto democrático que ha sido castigado severamente hasta el grado de esparcir un amplio desencanto ciudadano. Si partimos del hecho de que la democracia mexicana ha sido vulnerada, lo menos que se puede pedir a los partidos y candidatos es un acercamiento a la ciudadanía. Se trata de que se comprometan con un proyecto mínimo de reformas que pueda abrir nuevas oportunidades, por ejemplo en materia de derechos humanos y de nuevas reglas que regulen a los medios masivos. Los partidos y sus liderazgos podrían dejar atrás al menos una parte de sus inercias más notorias; por ejemplo, los panistas tendrían que hacer un esfuerzo importante para dejar de repetirse como los nuevos priístas, suspender sus alianzas con lo peor del viejo corporativismo y abandonar la actitud de simples administradores del caos actual. El perredismo tendría que detener el proceso de fractura que va en contra de la tendencia unificadora de los últimos 20 años. López Obrador podría dejar atrás su gastado discurso de “espurio” y “legítimo” y concentrar fuerzas en torno a una defensa de la economía para las clases subalternas, desde una oposición más incluyente. El priísmo tendría que abandonar su autosatisfacción y dejar de sentirse el próximo ganador sobre las ruinas y el fracaso del PAN y del PRD, y realmente jugarse el voto desde un mínimo compromiso democratizador. Estos cambios nos podrían llevar a unas elecciones diferentes, con debate sobre las agendas de políticas públicas como condición para obtener el voto ciudadano. Pero como esto no sucederá, lo más probable será ver otra vez el peso contundente de las inercias y las maquinarias partidistas, aceitadas con mucho dinero público y un permanente bombardeo mediático, que impondrán una dinámica de spots que posiblemente alejará a los ciudadano de las urnas. Promesas sin sustancia ni cumplimiento real será lo dominante de este año electoral. Empezamos… Investigador del CIESAS |