Todos los augurios son malos: la economía se desplomará, hay peligro de deflación, es incierto el panorama del combate a la delincuencia, no se crearán los empleos necesarios, ya regresó el subcomandante Marcos, Obama no cumplirá con las expectativas y un largo etcétera presagian, ya, el apocalipsis.Frente a un pesimismo atizado para favorecer a los detractores del presidente Calderón, no cabe bajo ninguna circunstancia el optimismo ingenuo del que no ve la crisis económica mundial ni sus repercusiones desfavorables en México; pero, al mismo tiempo, la crisis llama al duro realismo y representa una oportunidad de oro para pensar en “lo básico”. El modelo económico que provocó la crisis permitió abusos y ventajas que favorecieron a unos en detrimentos de otros, y el modelo político, en ocasiones, no metió las manos. A finales del año pasado Henry Kissinger sentenció: “Todo sistema económico —y esto es especialmente cierto en la economía de mercado— engendra ganadores y perdedores. Si las distancias entre estas dos categorías se hacen demasiado profundas, los perdedores se organizan políticamente e intentan refundar el sistema existente —dentro de cada país y entre ellos—. Este constituirá el tema principal del año próximo”. El desafío está allí, justo allí, en reorganizar el mercado y reorganizar la política, y en acometer esa tarea radica la oportunidad enorme que tenemos frente a la crisis: regresar al principio básico. ¿Y cuál es el principio básico? El primado de la política. Los participantes en el mercado buscan el interés particular. La falta de reglas y la débil supervisión generaron abusos en esa búsqueda del interés privado. El estafador Bernard Madoff es el emblema de esa impostura. Frente a un mercado de conquista individual, la pregunta es quién gestiona el interés general. Y el interés general sólo lo puede tramitar y resolver la política. El año nuevo representa una oportunidad para la política. Sólo la política puede salvar la distancia entre ganadores y perdedores que ocasiona el mercado libre. Sólo la política ordena y jerarquiza las prioridades sociales que el mercado no ve. Sólo la política puede orientar el gasto público en la dirección correcta. Sólo la política está autorizada para corregir las usuras y los despotismos económicos. Sólo la política puede compensar esa idea que el mercado manda y el Estado obedece. La crisis económica mundial, con efectos en México, es una crisis que no se resolverá sólo económicamente. Será necesario dar paso a medidas políticas, a acuerdos de gasto, a promociones de infraestructura, a comercio internacional justo, a protección de empleo, a gasto en educación, a tutelar el desarrollo económico. Esa crisis es una oportunidad para renovar la fe en el Estado, pero sobre todo en el fin del Estado: la persona, concretamente, en su empeño individual y en su deber social. La política por encima de la economía, para promover a ésta por el derrotero del bien común, sin avasallar la libertad individual, es parte del pensamiento de un panista jalisciense, Efraín González Luna, y le llamó primado de la política. El 2009 es ocasión propicia para recordar esa idea y actitud básica. *** Ante diversas malinterpretaciones a mi artículo de hace unas semanas sobre Bernard Madoff, me permito aclarar lo siguiente: de ninguna manera fue mi intención hacer señalamiento alguno a la comunidad judía. Refrendo mi respeto a ese pueblo noble. Presidente nacional del PAN |