Reinicio mi colaboración en EL UNIVERSAL en el arranque de 2009, saludando el espíritu plural de esta casa editorial y su trayectoria, que le permite producir al “Gran Diario de México”. 2008 fue un año de grandes acontecimientos, algunos de calado histórico, como la elección de Barack Obama, primer afroamericano presidente de Estados Unidos.En un escenario brumoso como el que se vislumbra al inicio del año, donde las tensiones internacionales se acrecentaron por la violencia en la Franja de Gaza; donde la prospectiva económica es incierta y negativa, por las consecuencias de la crisis financiera que inició en Norteamérica; donde el ambiente, en México, es de intranquilidad y falta de certidumbre por el crecimiento del crimen organizado y el tufo a recesión económica, admitir lo reconfortante que fue el que el pueblo norteamericano diera un paso trascendental, que cambia cualitativamente la historia de ese país, y puede incidir en el destino del orbe, es motivo de aliento. Fue el ejercicio democrático y lo que significó. Para la política mexicana, estancada en nimiedades y mezquindades, la aptitud política de Hillary Clinton, que después de la derrota en las internas demócratas, se sumó sin regateo alguno, para garantizar el triunfo del Partido Demócrata, y la decisión de Barack Obama de incorporar a Hillary al equipo gobernante, como Secretaria de Estado, revela a un equipo maduro, consolidado, no entrampado en pequeñeces, preparado para gobernar bien a esa potencia mundial, lo cual evidentemente, resulta necesario para el conjunto universal, porque los errores y abusos de los gobiernos y los grandes intereses de Estados Unidos, afectan no sólo a su pueblo, sino también allende sus fronteras. El desafío para el gobierno mexicano y para quienes hacemos política en el país, desde distintas posiciones, es encontrar la estrategia pertinente para que la agenda de las prioridades mexicanas en las relaciones bilaterales, se incorpore al radar de las prioridades norteamericanas en materia de política exterior. Es de todos conocido, que México y América Latina no forman parte de las especialidades, como campos de conocimiento, ni del futuro presidente de Estados Unidos, ni de la Secretaria de Estado, pero es lógico que el país fronterizo y la región de su principal área de influencia, deberán jugar un papel relevante en las prioridades de atención del vecino país, por la importancia estratégica que tienen, especialmente México, para sus asuntos internos. En fin, dentro de las incógnitas a esclarecer en el presente año, está la de precisar cuál será el tipo de relación que establezca el gobierno demócrata estadounidense con México y la solidaridad y comprensión a las prioridades mexicanas, sobre todo en materia migratoria, en la que la exigencia de pleno respeto a los derechos humanos de nuestros compatriotas y el reconocimiento de la importancia que tienen para la economía norteamericana, es necesaria asumir. En este tema, como en muchos otros, el presidente Obama tendrá que enfrentar el cúmulo de expectativas que su discurso humanista ha generado, y su propia condición histórica, en relación a los intereses creados, las contradicciones y patrones convencionales que prevalecen y que no responden a la realidad de nuestro tiempo, ni mucho menos a una realidad de justicia social en el ámbito universal. correo@beatrizparedes.org Presidenta nacional del PRI |