Los buenos deseos sin compromiso, son sentimientos superfluos. La esperanza no llega sin trabajo. Por ello, es difícil desear un feliz 2009.No hay elementos objetivos que nos permitan pensar en una situación mejorada, ni se encuentra a la vista una energía social que, ante la adversidad, vaya a remontar las cosas. El 2009 pinta mal no sólo por lo ya previsto, como una violencia creciente, mayores catástrofes climáticas, elecciones desordenadas, más desgobierno, inflación, derrumbe del precio del petróleo y, con ello, de los ingresos públicos caída del gasto social, profundización de la crisis financiera internacional, disminución de las remesas, aumento alarmante de la contaminación de nuestros ríos y mares, desempleo, desnutrición, desaceleración de nuestras exportaciones, devaluación, peores índices educativos, y otros indicadores más. No eso no es lo más grave. Todo lo anterior es pasajero y tiene solución. Lo más grave es que para alcanzar soluciones los mexicanos no hemos realizado aún nuestra tarea histórica, que lleva 200 años pendiente. Estamos divididos, quebrados, apartados, sin reconocerlo. Vivimos en una familia disfuncional que no quiere encarar sus problemas. Desde la Conquista se empezó a fraguar una “nación” dividida. La división era clarísima, pero no se hablaba nunca de ella, ya que todos éramos iguales ante el manto protector de la Virgen de Guadalupe. Esa diferenciación consistía en la creación de tres grandes espacios para tres distintos grupos de habitantes. El más pobre y excluido fue, y sigue siendo, el indígena, después surgió el grupo más grande que fue el mestizo, pero no por ser el mayor era el más rico, ya que la cúpula de la pirámide estaba reservada para los conquistadores, los peninsulares. Los hijos de los españoles nacidos en México, los criollos, fueron quienes hicieron la guerra de Independencia para quitarle a los “gachupines” la batuta de lo nacional. Desde entonces, han sido los criollos, los mexicanos con una visión y educación europea, los que han tenido la posibilidad de generar riqueza y poder político. El poder político les fue arrebatado a los criollos por la Revolución Mexicana a principios del siglo XX, con lo que se fortaleció la nación mestiza, pero culturalmente seguimos divididos, discriminándonos, viviendo en mundos distintos y con muy poco interés para crear un país verdaderamente unido, pluriétnico y pluricultural. Esa es la asignatura pendiente de México. Vernos a los ojos y decirnos ser una nación sin discriminación entre güeros y morenos, entre pirrurris y nacos, entre ricos y pobres. Admitirlo es el primer paso para resolverlo. Y si lo hacemos en estos días, seguramente festejáramos en un país muy distinto y próspero en 2009. emoctezuma@tvazteca.com.mx Presidente ejecutivo de Fundación Azteca |