Aproveche las vacaciones y descanse, porque 2009 será un año decisivo. Tendremos elecciones intermedias, lo que garantiza tensión política, pero también una mala situación económica. Seguiremos en la lucha frontal contra el narcotráfico, que no es lo mismo que la inseguridad, pero que mediáticamente se suma para dar como resultado una sensación angustiante. Sólo faltaría que la selección nacional quede eliminada del selectivo al Mundial de futbol para redondear un año espantoso.Pero 2009 no será un año atípico. Entramos en una etapa verdaderamente complicada. En realidad, en cuestión económica lo que enfrentaremos en los próximos meses será una caída en la actividad y un incremento en el desempleo, pero de momento no se ve ninguna presión relevante en la inflación, que ha sido el mecanismo de empobrecimiento de las crisis de los últimos 30 años. Más todavía, a pesar de que los oportunistas quieren ya iniciar un movimiento de deudores de la banca, tampoco tenemos problemas relevantes en ese renglón. El dólar y la bolsa ya empiezan a estabilizarse. En pocas palabras, una contracción económica, pero no una profunda crisis como las vividas en este país en 1982 o 1995. Y puesto que la elección intermedia suele ser bastante menos atendida que la presidencial, tampoco en la política deberíamos tener mayores contratiempos. Sin embargo, lo que viene después es lo que debería llamar nuestra atención. Después de 30 años de vivir del petróleo contenido en Cantarell, ha llegado el momento de ganarnos el pan de cada día. En 2009 exportaremos 1.2 millones de barriles diarios de petróleo, que podremos vender a 70 dólares gracias a la oportuna compra de opciones de venta por parte de Hacienda. Pero las opciones alcanzan hasta septiembre, de forma que en el último trimestre los ingresos netos mensuales provenientes del petróleo serán cercanos a cero. Casi de golpe, el gobierno perderá una quinta parte de sus ingresos, y necesitaremos entre 3 y 4 mil millones de dólares al mes para cubrir nuestras cuentas externas. Eso corresponderá a la nueva Cámara de Diputados, que tendrá que regresar sobre las reformas de los dos años pasados: la fiscal, la petrolera, la electoral misma. Y ahora tendrán que trabajar en serio, con menos excusas y más resultados. Por eso 2009 es decisivo, no por lo que va a pasar durante el año, sino porque definirá la forma en que vamos a responder a los problemas de fondo que tendremos en el año del bicentenario. Por eso desde el próximo año verá usted un nuevo intento de mandar al diablo a las instituciones. Hay una clara apuesta por la desestabilización, que busca cumplir la maldición del 10. Evitarlo, y contar con un Congreso a la altura del reto es la tarea de 2009. Es un año decisivo, y está en nuestras manos conducirlo. www.macario.com.mx Profesor del ITESM-CCM |