América Latina seguramente sufrirá los coletazos del descalabro financiero que azota a las grandes economías del mundo. Pero a diferencia del pasado, muchos de nuestros países están mejor preparados para mitigar los peores efectos de la crisis sobre sus ciudadanos más pobres porque han puesto en marcha programas de transferencias condicionadas de dinero inspirados en Oportunidades, una exitosa iniciativa mexicana que ha trascendido las fronteras de nuestra región.Esta semana el Banco Interamericano de Desarrollo aprobó una línea de crédito de dos mil millones de dólares para Oportunidades, que llega a más de cinco millones de hogares mexicanos. El BID se enorgullece de ser un socio de este programa, para el cual en años anteriores destinó dos mil 200 millones de dólares en préstamos, más recursos de los que ha otorgado a ningún otro programa social en marcha en América Latina. Los préstamos del BID, aunque significativos, sólo representan una fracción de las inversiones que ha hecho México en la educación, la salud y la nutrición de sus ciudadanos más vulnerables desde que lanzó el programa en 1997. Pero sin duda la característica más sobresaliente de Oportunidades es su rigurosa política de evaluación de procedimientos y resultados. Cuando se hacen de manera sistemática e independiente, las evaluaciones permiten mejorar la eficiencia de los programas sociales. En el caso de Oportunidades, los estudios realizados por investigadores mexicanos y extranjeros han servido tanto para comprobar aciertos como para corregir deficiencias. Al mismo tiempo, han ayudado a legitimar el programa, una lección valiosísima para los gobiernos de nuestra región. Valga un ejemplo: entre los ajustes que hará Oportunidades sobre la base de estudios figura la implementación de una nueva estrategia de atención a la nutrición. Tradicionalmente se distribuía una papilla fortificada para infantes, embarazadas y madres lactantes. Gracias a las transferencias monetarias y al mejoramiento de las condiciones económicas, durante esta década el horror de la desnutrición ha menguado en México. Esto es muy positivo, pero se presenta un nuevo problema: entre las beneficiarias ahora predominan el sobrepeso y la obesidad, con el consiguiente riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión. Por ello el programa adoptará otros tipos de suplementos para suministrarles micronutrientes tanto a mujeres como a niños. Otro ejemplo: Oportunidades llevará a cabo proyectos piloto en distintas ciudades para adaptar su modelo a las realidades de la pobreza urbana. Los estudios han encontrado que, no obstante las becas que se ofrecen a estudiantes, sólo 40% de los jóvenes beneficiarios terminan la secundaria. La asistencia decae a partir de los 14 años, cuando los adolescentes pueden optar por trabajar, una actividad más rentable en el corto plazo que permanecer en la escuela. Bajo los proyectos piloto se aumentarán las becas, brindando mayores incentivos para estudiar y reducir el costo de oportunidad de postergar el ingreso al mercado laboral. Los análisis también indican que los jóvenes que se gradúan de la secundaria pueden ganar casi el doble que aquellos que abandonan la escuela. Desde luego, los programas como Oportunidades no son una panacea, pero tampoco fueron concebidos como tales. Estos programas de capital humano buscan que las familias necesitadas tengan mayor acceso a la educación, la salud y la nutrición, inversiones indispensables para que la pobreza no se transmita de generación en generación. Nadie debe esperar que generen empleos o viviendas. Para esos objetivos puede haber otras iniciativas, aunque un crecimiento económico más robusto y equitativo es la vía más rápida para resolverlos. Pero en las actuales circunstancias, ante el riesgo de que millones de nuestros compatriotas caigan en la extrema pobreza, de poco sirve apelar a la ortodoxia. A nadie escapa que hace falta mejorar la educación y la salud en América Latina. Lo mismo vale para tantas otras tareas pendientes para nuestro desarrollo. Pero es hora de fortalecer las redes de seguridad social, en las cuales los programas de transferencias condicionadas de dinero cumplen un papel primordial para evitar los peores efectos de la pobreza. Y Oportunidades nos brinda el mejor ejemplo de cómo hacerlo correctamente. Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo |