En la más reciente encuesta de opinión que incluyó el tema del TLCAN, realizada por EL UNIVERSAL, frente a la pregunta: “¿Renegociar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica sería bueno o malo para México?”, 66% de los entrevistados afirmó que “sería bueno”; y sólo 18% consideró que “sería malo” (EL UNIVERSAL, 16/III/08). Los resultados son contundentes, pero no sorprendentes. Un año antes, la encuesta realizada por Mund Americas, que dirige Dan Lund, reportó que sólo 21% de los mexicanos consideró que el TLCAN es benéfico para nuestro país, mientras que 41% declaró que el TLCAN es malo para México (Mund Americas, Reporte de Opinión y Política, serie 8, 1a).Sin embargo, 10 años antes (1997), Mund Americas reportó que 39% de los mexicanos consideraba “bueno” el TLCAN; y sólo 23% lo consideraba “malo”. Estos resultados tampoco eran sorprendentes: la mayoría de la población aún abrigaba la esperanza de que el TLCAN traería consigo los beneficios que el gobierno mexicano anunció al firmarlo: generar suficientes empleos bien remunerados para la población mexicana, reteniéndola en el país; acelerar el crecimiento y la modernización de la economía mexicana; y, en general, realizar el pasaje de México por vía rápida al primer mundo. Once años después, esa esperanza se transformó en decepción. En lugar de haberse generado suficientes empleos bien remunerados en México, conteniendo la emigración, ocurrió lo contrario. De acuerdo con el Pew Hispanic Center Project, cinco millones 758 mil 800 mexicanos emigraron a Estados Unidos durante el periodo 1994-2006, o sea 442 mil 984.6 por año. Desde México, el Consejo Nacional de Población reporta que durante el periodo 1994-2007, el saldo migratorio de nuestro país —considerando no sólo la migración a Estados Unidos, sino también a Canadá y otros países— fue negativo en 7 millones 609 mil 398 personas, o sea 543 mil 528 por año. Y el Banco de México informa que las remesas enviadas a México por los trabajadores emigrados saltaron de 5 mil 078.9 millones de dólares en 1993 hasta 23 mil 300.5 mdd en 2007. La razón es sencilla: para crear suficientes empleos para sus nuevas generaciones, la economía mexicana debe crecer a una tasa de 6% anual o mayor (como ocurrió durante el periodo 1935-1982, previo al neoliberal), pero durante el periodo de operación del TLCAN (1994-2007) el PIB mexicano apenas creció a una tasa media de 3% anual. De allí la emigración de más de seis millones de mexicanos a Estados Unidos. Además, los escasos empleos generados en México resultaron peor pagados que antes del TLCAN: durante el periodo 1994-2007, los salarios mínimos perdieron 30.5% de su poder adquisitivo; los salarios contractuales, 29.9%; los manufactureros, 12.2%; y los salarios de la construcción, 22.1%. Los ingresos campesinos también se redujeron: entre el trienio previo al TLCAN y el trienio 2005-2007, los productores de maíz perdieron 36.5% de su poder adquisitivo por tonelada de grano; los productores de soya perdieron 39.8%; los trigueros, 26.2%, etcétera, con el consiguiente incremento de la pobreza rural. Frente a estas realidades, no es sorprendente que la gran mayoría de los mexicanos —en una proporción mayor de 3 a 1— consideren que “sería bueno para México renegociar el TLCAN”. Ciertamente, durante el periodo de operación del TLCAN algunos mexicanos se han enriquecido prodigiosamente hasta encumbrarse en las listas de Forbes. Por eso, tampoco es sorprendente la cerrada oposición de las élites del poder económico a la renegociación del TLCAN. Lo que escapa a los alcances de este artículo es elucidar si la afirmación del presidente Calderón en el sentido de que “renegociar el TLCAN es una muy mala idea”, se explica por la estrechez de miras de su gobierno —especialmente en sus secretarías de Economía y Relaciones Exteriores— o es un simple reflejo de su escasa representatividad nacional. Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM |