¿Sabía usted que el cerebro masculino y el femenino son muy diferentes? La química entre ambos es distinta, el tamaño y la estructura también. La utilización de los circuitos cerebrales varía entre uno y otro. Por ello, ambos interpretan de manera diferente lo que ven, escuchan y sienten.Hace unas décadas, si se le hubiese ocurrido a una persona afirmar lo anterior, hubiera recibido una catarata de críticas por parte de grupos feministas que, con justa razón, reivindicaban la igualdad entre el hombre y la mujer. Pero esa igualdad se llevaba al extremo de negar casi cualquier diferencia que no fuera la obvia. Hoy sabemos, por ejemplo, que la mujer tiene muchas más neuronas en las áreas cerebrales del lenguaje y la escucha. Y la parte de las emociones y la memoria es también mucho mayor. Por su parte, le región del impulso sexual en el hombre es dos veces y media mayor, así como la zona de acción y agresividad. Las diferencias hormonales entre ambos sexos, sobre todo a partir de la octava semana de la gestación, determinan que el cerebro de la mujer busque siempre mantener la armonía social. El hombre está programado para la competencia. Lo anterior nos lleva a reflexionar algo muy grave. El mundo ha sido construido por hombres. Esto es, por el cerebro masculino y la testosterona, lo que ha generado una civilización agresiva, violenta, competitiva, entre sí y hacia la naturaleza. Al mundo le falta precisamente la aportación de la mujer y el estrógeno, lo que fortalecería en la civilización la comunicación, el cuidado de las emociones de los demás, en suma, la armonía social y el cuidado del medio ambiente. Es como si viviéramos un mundo construido por la mitad del cerebro. Porque el cerebro de la especie humana es la aportación del masculino y del femenino. Lo grave es que no sólo las hormonas moldean el cerebro, también influye en éste la cultura de género. Esto significa que si una mujer participa en el mundo productivo de los hombres y busca competir en sus mismos términos, ésta fortalecerá su parte masculina, en vez de aportar su riqueza femenina, reproduciendo el mundo desequilibrado en que vivimos. ¿No quisieras evitar que tus hijos vivan en una sociedad construida con la mitad del cerebro? Para ello, la respuesta es muy simple. Hagamos que la participación de la mujer en el mundo productivo sea efectiva y transformadora, así como la aportación del hombre a la vida del hogar y la vida cotidiana. ¡Construyamos juntos una nueva civilización diseñada y conducida por un cerebro completo! emoctezuma@tvazteca.com.mx Presidente ejecutivo de Fundación Azteca |