En esta semana se lleva a cabo una reunión en Poznan, Polonia, preparatoria a la reunión de Copenhague en diciembre de 2009, la cual tiene como misión central definir la secuencia del actual Protocolo de Kioto. En ella deberán lograrse acuerdos en áreas críticas como soporte tecnológico, adaptación a cambio climático y deforestación, así como mecanismos de sostén del secretariado de Convenio Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático.La reunión inició con cerca de 7 mil asistentes, marcada por las limitadas expectativas acerca del evento y con muestras de la tirantez reinante en el ambiente del tema, en gran medida propiciada por el tipo de relación establecida por la actual administración presidencial de EU. El primer ministro polaco, anfitrión de la reunión y poco amigo de los niveles de exigencia de la Unión Europea sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, se encontró en una posición por demás incómoda por la presión europea y por el grado de dependencia que la industria de su país tiene del carbón. Se han sumado, además, rumores de las dificultades económicas de la política de reducción de emisiones de Gran Bretaña, especialmente en su efecto sobre la accesibilidad a energéticos en hogares con limitaciones económicas. Adicionalmente, como también se esperaba, Estados Unidos no está teniendo una participación relevante, como lo había yo previsto en este espacio (EL UNIVERSAL, 14/XI/08), a pesar de las expectativas que existen al respecto. Lo que es claro es que es muy poco probable que la reunión de Poznan provea alguna respuesta concreta respecto de acciones de reducción de emisiones y otras medidas de compromisos definidos de las naciones participantes. Sin embargo, ha habido una presencia relativamente más conspicua de China en la reunión, en la que un buen número de académicos de ese país han estado presentes y la participación de la delegación ha sido más propositiva y menos reactiva que anteriormente. Lo que podría salir de esa reunión se resume en dos puntos. Por un lado, las decisiones sobre cuántas reuniones podrá haber el año próximo —y en qué fechas— en preparación a la reunión en Copenhagen, así como las formas de fondeo para sostener el secretariado de la reunión, que ya tiene a estas alturas algunos cientos de empleados. Por otro lado, las conversaciones “en el cuarto de al lado” podrán concretar (extraoficialmente) algunos esbozos de acercamiento y compromiso entre los grandes emisores de gases de invernadero con vistas a la reunión danesa. Hay expectativas sobre la posible aparición en Poznan del ex vicepresidente Al Gore en la culminación de la reunión, especialmente respecto a si en esa ocasión Gore insinuará o avanzará algunas de las posiciones de la entrante administración encabezada por Barack Obama, dado que en estos días ha tenido lugar una reunión entre los dos. Es muy posible que la ruta de regulación de emisiones adoptada por su país esté mucho más cerca del enfoque conocido como cap and trade que de establecer impuestos a la emisión de carbono a la atmósfera. México se ha labrado un lugar de respeto internacional en estas negociaciones, por lo que será indispensable definir una clara estrategia nacional de cambio climático para la siguiente década que nos gane reconocimiento y apoyos internacionales para lo que seguramente será una costosa y larga transición energética del país. jose.sarukhan@hotmail.com Investigador del Instituto de Ecología de la UNAM |