Por motivos electorales, el PAN pidió un plebiscito sobre la despenalización del aborto. Por las mismas razones, el PRD y el gobierno capitalino impulsaron una consulta ciudadana sobre la reforma energética. Ahora el PRI respalda la pena de muerte. Lo sorprendente es que ahora nos asombre que los partidos traten de obtener beneficios electorales en asuntos como la pena capital, el aborto o la reforma de Pemex. El negocio de los partidos es precisamente ese: sacar ventaja sobre sus adversarios en todas las formas legalmente posibles. Es el juego que todos juegan. Ocurre aquí y en cualquier democracia.La lógica de este comportamiento es simple. Los partidos intentan identificarse con posturas que son políticamente rentables. Lo ideal es que un partido, y nadie más, se apropie de un tema. De esta forma tiene el monopolio de la base ciudadana que, por ejemplo, está a favor o en contra del aborto. En EU, los demócratas son el partido a favor del aborto mientras que los republicanos se oponen. La jugada del PRI es astuta. En primer lugar, impulsa una propuesta con amplio respaldo público. Las críticas del PAN y del PRD al PRI sólo benefician al partido tricolor ya que lo posicionan como representante, en asociación con el PVEM, de una idea popular. Si el PRI llega a apropiarse del tema, significa que será dueño de una posición que respalda la mayoría de los ciudadanos. Esto es particularmente relevante si la seguridad pública y la pena de muerte se convierten en factores decisivos del voto en julio de 2009. La petición priísta de debatir la pena de muerte busca precisamente que adquiera mayor importancia para los votantes. En segundo lugar, el planteamiento de la pena de muerte le arrebata al PAN su virtual monopolio sobre los temas de combate a la delincuencia y al narcotráfico. Como partido en el gobierno, el PAN goza de un posicionamiento natural en la materia por la guerra del presidente Calderón contra el narco. Sin embargo, la defensa priísta de la pena de muerte no sólo le disputa este espacio al PAN, sino que también lo hace aparecer como “blando”, en contraste con un PRI de mano dura. En este juego estratégico, el PRD es quien resulta más perjudicado ya que tiene una agenda económica definida pero no se le identifica con una agenda en materia de seguridad pública. Si la elección se centra en este tema, lejos de los asuntos económicos, PRI y PAN serán los grandes beneficiarios. jorge@buendiaylaredo.com Analista político |