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México D.F., a 6 de diciembre de 2008 | 11:43 PM

Antonio Rosas-Landa Méndez
Empleo, dinero e inmigrantes
06 de diciembre de 2008


CHICAGO, Illinois.— Esta semana el Buró Nacional de Investigación Económica concluyó lo que los habitantes de Estados Unidos hemos sentido desde hace tiempo: el país está en recesión.

El diagnóstico fue que la contracción de la economía comenzó hace 12 meses. La mala noticia es que no se ve para cuándo repuntará. Las recesiones duran en promedio ocho meses, por lo que esta crisis va en camino de ser una de las más largas desde la depresión de 1929.

Es la segunda recesión que vivo en este país y en verdad que nunca había visto algo parecido, descontando por supuesto la crisis de 1995 en México. En Chicago se multiplican los negocios que cierran sus puertas y el sueño americano que ya para algunos no era más que una breve siesta comienza a convertirse en pesadilla.

La situación comenzó cuando reventó la burbuja especulativa de los bienes raíces. Por algún tiempo los precios de los inmuebles subían de valor entre 8% y 15% al año. Las instituciones financieras crearon instrumentos sobreapalancados en los que con tal de cobrar intereses a más clientes descuidaron el pequeño detalle de valorar la capacidad de pago de éstos. Entonces vino el colapso de los endeudados, la caída de los bancos, y ahí siguió el efecto dominó en la economía.

Un segmento beneficiado por el boom de los bienes raíces fue la mano de obra latina, especialmente los inmigrantes, muchos de ellos indocumentados. Cuando se ponía en el mercado una propiedad había varios compradores que peleaban por ella. Por ello, los trabajadores que construyeran o remodelaran inmuebles estaban en gran demanda.

Según el Centro Hispano Pew, en el segundo trimestre de 2006 el desempleo entre los latinos alcanzó un mínimo histórico de 5.2%, en mucho gracias a la sobreoferta de trabajo en el mercado inmobiliario. Actualmente, según cifras del Departamento del Trabajo, la desocupación en este grupo alcanzó 8.8% a nivel nacional, aunque en estados de gran concentración hispana como California e Illinois la situación es peor.

Los jornaleros que buscan un trabajo por el día esperan a las afueras de las tiendas Home Depot a contratistas o dueños de propiedades que los “levanten” para efectuar una “chamba”. Ahora reina la desesperanza en estos establecimientos. No sólo no hay construcciones ni remodelaciones, sino que los precios de las casas van en caída libre. En Chicago las propiedades han reducido su valor en el último año 7.3% en promedio, en Las Vegas 15.6%, y en Los Ángeles 19.3%.

La crisis de los bienes raíces se llevó también los empleos que fueron de nuestra gente mientras duró la bonanza. Estos relatos gráficos ayudan a entender por qué las remesas a México decrecen y por qué muchos connacionales prefieren volver a su país ante la sequía en la otrora “tierra de oportunidades”.

Pero no hay que estancarse en mostrarle lo delirante que es la situación para reforzar lo que obvio: las cosas están muy mal. Una lección que los mexicanos podemos aprender de lo que ocurre es la urgencia de educar y capacitar a nuestra gente. Con una población lista para aprovechar los trabajos y/o las ocasiones de inversión que favorece el mercado estaremos mejor posicionados para soportar las crisis y conducir la bonanza cuando ésta regrese.

Según un reporte del diario The New York Times, los hispanos son el grupo más vulnerable a los altibajos laborales. ¿Por qué?, preguntará usted. Simple, el inmigrante latinoamericano viene con niveles de educación y entrenamiento laboral muy bajos, por eso son uno de los segmentos que tienen ingresos muy bajos y cuando hay crisis son de los primeros en ser despedidos.

Una mano de obra migrante con bajo entrenamiento laboral debe, al menos, tener conceptos básicos de inglés así como habilidades mínimas en un oficio que pueda desempeñar.

Cuando hablamos de profesionistas, México debe saber que en Estados Unidos no hay suficientes ingenieros, enfermeras ni maestros bilingües. Si nuestra gente está mejor preparada tendrá más posibilidades de hacerse de los trabajos que los estadounidenses no quieren, no pueden o no saben desempeñar. Y esto no implica que sean empleos donde reine el abuso y las bajas remuneraciones.

En un mundo globalizado, México debe estar atento a las necesidades de su mercado regional, América del Norte, para que nuestra población y economía sean complementarias en la creación de riqueza y bienestar. La crisis ocurrirá, sin embargo, y si no hay un mínimo de visión en cómo afrontar el presente y el futuro, las oportunidades nos pasarán, nuevamente, de largo.

alanda@tribune.com

Jefe de la página editorial del diario ‘Hoy’

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