La institución encargada oficialmente de dictaminar cuándo empieza y cuándo termina una recesión en Estados Unidos —el Business Cycle Dating Committee (BCDC), del National Bureau of Economic Research (NBER)— dictó por fin su veredicto: la economía estadounidense se encuentra en recesión desde enero de 2008, después de que el ciclo económico alcanzó su pico en diciembre de 2007.El anuncio fue anticipado por la mayoría de los economistas, al menos desde marzo pasado. De hecho, una encuesta de The Wall Street Journal (13/III/08) indicó que 71% de los especialistas consideraba que EU se encontraba ya en recesión. En nuestra entrega del 27/III/08, al analizar los indicadores mensuales de empleo, producción manufacturera, ingreso personal disponible y otras variables, recordamos la atinada expresión de Anirvan Banerji, director de investigación del Economic Cycle Research Institute, que al inicio de la anterior recesión observó: “O estamos en una recesión, o esta es la peor no recesión de la historia”. Agregamos: “Hoy podría afirmar lo mismo, pero con una agravante: la actual recesión aparece asociada a una profunda crisis del sistema financiero, que —desde el colapso del quinto banco de inversión estadounidense (Bear Stearns)— comienza a sentirse como una bocanada de aire helado de la Gran Depresión” (EL UNIVERSAL, 27/III/08). Desde entonces, los indicadores de la economía real han continuado deteriorándose: la tasa de desempleo, que había alcanzado 5.1% en marzo de 2008, brincó a 6.5% en octubre; el número de trabajadores inscritos en el seguro de desempleo, que ascendió a 2 millones 883 mil 200 en marzo de 2008, brincó a 3 millones 751 mil 250 en octubre. El índice general de producción manufacturera, que alcanzó 113 puntos en marzo, cayó hasta 107 en octubre; el índice de ventas al menudeo, que todavía en junio de 2008 registró 136.6 puntos, cayó a 128.4 en octubre; y el ingreso personal disponible neto de transferencias continuó descendiendo. En consecuencia, las expectativas de crecimiento continuaron deteriorándose. En su OECD Economic Outlook, dado a conocer hace unos días, la OCDE estima una caída de -0.9% del PIB estadounidense en 2009. El temor que afloró desde marzo hacia una recesión más prolongada que las dos anteriores se confirmó ya: las recesiones de 1990-1991 y 2001 duraron sólo ocho meses, mientras que ésta lleva ya 11 meses. Ahora, se pronostica que será más prolongada que las recesiones de 1973-1975 y 1981-1982, que duraron 16 meses. Peor aún, como ha reconocido el director gerente del FMI: “Dado el temor que se ha apoderado de consumidores, empresas y países, se empieza a hablar ya no de una recesión en las naciones avanzadas, sino de una importante depresión global” (Dominique Strauss-Kahn, “Afrontar el miedo”, El Financiero, 13/XI/08). En estas condiciones, “no hay más opción que utilizar herramientas macroeconómicas (políticas monetarias y fiscales contracíclicas), a fin de impulsar la demanda y sostener la producción”. No sólo las economías desarrolladas deben hacerlo, sino también las emergentes. Por eso, el reconocimiento oficial de la recesión por el BCDC-NBER nos recuerda la pequeña gran obra de Edmundo Valadés, La muerte tiene permiso. En la aldea global, decenas de millones de trabajadores han perdido sus empleos, un mayor número de familias han contraído su consumo —no sólo por la caída de sus ingresos, sino también por el miedo a lo que vendrá—, y la gran interrogante es si en este San Juan de las Manzanas global, los líderes comunitarios permanecerán presas del miedo o actuarán resuelta y concertadamente aplicando enérgicas políticas macroeconómicas para reactivar la economía. (Aclaración: en el párrafo séptimo de mi artículo del 27/XI/08, donde dice 35.6%, debe decir 21.9%. Mi errata no altera el análisis. Gracias a mis lectores.) Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM |