Cada día son más las críticas de los partidos políticos, de las organizaciones de la sociedad, incluso del gobernador del Banco de México y, por supuesto, de los usuarios, sobre las excesivas comisiones que cobran los bancos por sus servicios. Pero, como las llamadas a misa, muy pocos las escuchan y, lo que es peor, las autoridades ni las toman en cuenta.Hemos leído que los empleados de las filiales en México de bancos extranjeros están muy contentos con las utilidades que les reportan, de las cuales una buena proporción tienen su origen en los elevados cobros que hacen por cualquier servicio y que les han servido para enviarlas a sus matrices y salvar en parte los errores que han cometido. Por ejemplo, según los medios, Bancomer, filial de la española BBVA, ha reportado utilidades netas de 17 mil millones de pesos al término del tercer trimestre de este año. Mientras tanto, a los que tienen cuentas en esos bancos, denominadas “maestras” o “productivas”, el interés que les reportan por mantener su dinero en ellas es como máximo de 1% anual, mientras que las comisiones que cobran por cheques expedidos y por retirar dinero en los cajeros automáticos van de los cinco hasta los 15 pesos. Y, desde luego, son muy rígidos con la expedición de cheques sin fondos suficientes y en estos casos cobran como mínimo mil pesos por cheque rechazado. Pero, eso sí, ellos no son sancionados por otorgar préstamos sin garantías suficientes, como ampliamente lo estamos corroborando. Hay muy pocos países dentro de la OCDE, y quizá ninguno, donde los bancos se sirvan con cuchara tan grande en estos cobros como sucede en nuestro país. Y no sólo es el caso de los bancos. También ocurre en otros sectores, como el de la telefonía. Aquí obligan a estar cuando menos 18 meses cautivos a sus cuotas, además de cobrar anualmente una fianza. La pregunta es: ¿por qué el gobierno mexicano no pone un alto a esta generación de recursos sobre clientes cautivos? Es decir, en México las empresas hacen lo que les da la gana en materia de cobros por comisiones, fianzas, etcétera. La mayoría afirma ser “socialmente responsables”. ¿Responsables? ¿De qué? Seguramente de rendir el máximo de utilidades a sus dueños, gran parte de ellas en manos de extranjeros, que lo único que buscan es la mayor exacción posible de los clientes mexicanos. Tanto los bancos como las empresas de telefonía tienen una concesión gubernamental, por lo que deberían estar sujetas a reglas que buscaran la defensa de los usuarios y no dejarlas a la acción de la famosa “mano invisible”. La deuda en tarjetas de crédito será para nuestro país algo similar a las hipotecas en Estados Unidos, por lo que las autoridades deberían tomar al toro por los cuernos y regular de una vez por todas, por lo menos en el caso de los cobros excesivos. Mientras se siga permitiendo la avaricia, manifiesta en materia de cobros por cualquier motivo, se seguirá drenando dinero de los mexicanos para los grandes empresarios nacionales y extranjeros. Analista político y economista |