El antropólogo francés Marc Abélès publicó recientemente un libro, Política de la supervivencia, cuya tesis central es que ha surgido un nuevo régimen político en el que la incertidumbre domina a la política y el futuro es una amenaza; por ello, “no se trata de promover lo mejor, sino de evitar lo peor”. Sin duda, el clima político en el que el gobierno de Felipe Calderón llega a su segundo año puede caracterizarse como de supervivencia.México enfrenta dos crisis graves. Primero, la crisis de inseguridad en la que está atrapado el país tiene ya expresiones agudas de ingobernabilidad: en amplios territorios de México reina el crimen organizado. El programa de seguridad y los resultados en sus primeros 100 días marcan un contraste entre una versión satisfactoria del gobierno y una percepción muy negativa de los ciudadanos. Segundo, a la crisis de inseguridad ahora se suman los devastadores efectos de una crisis económica que se originó en Estados Unidos, pero que ha tenido repercusiones planetarias. Los efectos del crack financiero le pegan de frente al país y sus impactos apuntan ya hacia la falta de crecimiento, el desempleo creciente, la caída de remesas, el regreso de migrantes, el alza de precios y un repunte inflacionario. México regresa al escenario conocido de crisis, quiebras y recesión, sin una temporalidad definida. Enfrentar estas dos crisis de forma simultánea genera en México el fenómeno de un gobierno de supervivencia que llega a sus dos primeros años. En pocos momentos de nuestra historia reciente el país ha estado sometido a una dinámica de incertidumbre tan fuerte como la que hoy padecemos. Ha llegado el momento de revisar los instrumentos con los que se están enfrentando estas dos crisis. Los compromisos que hizo el gobierno federal en agosto pasado en materia de seguridad presentan rezagos, cumplimientos desiguales y abiertos desafíos. La percepción sobre la falta de resultados es mayoritaria: para 60% de los ciudadanos no hay resultados y los dos principales problemas son la inseguridad con 45% y la economía con 0%; para 59% la guerra contra la delincuencia organizada la está ganando el narcotráfico (EL UNIVERSAL, 26/XI/2008). Sin embargo, el gobierno señala que su estrategia sí funciona, que los operativos en contra del crimen organizado han dado resultados, que hay una sistemática captura de jefes de los cárteles del narcotráfico y un decomiso creciente de armas, dinero y droga. La visión oficial habla de incrementos sustantivos al presupuesto, operativos de limpieza de los servidores aliados al crimen, creación de nuevos cuerpos policiacos, reformas legislativas y un observatorio ciudadano. Habrá que seguir observando el contraste entre las dos visiones sobre la crisis de la inseguridad. La crisis económica ya empezó a dejar estragos en el poder adquisitivo del salario y el costo de la carga inflacionaria la llevarán de nuevo los trabajadores. Ante el repunte inflacionario la respuesta del gobierno y de los empleadores es castigar el salario. Ya estamos por arriba de 6% de inflación, pero la oferta de incremento salarial es de 3.8%. Además, cuando Calderón llegó al gobierno el tipo de cambio era de 10.90 y ahora ronda los 14 pesos por dólar; en abril pasado que se presentó la reforma energética el barril de la mezcla mexicana estaba en 120 dólares, ahora ha caído por debajo de los 40; en los últimos 12 meses se calcula que se han perdido más de 200 mil empleos y los niveles de pobreza se han vuelto a incrementar, como un efecto inmediato de la crisis. Mientras en otras partes ya se han empezado a dar cambios al modelo neoliberal, aquí en México seguimos con las viejas recetas de la derecha: control del gasto y del déficit, instrumentos financieros del banco central, cuando hay que virar hacia una economía de la demanda. Pero un gobierno de supervivencia tiene como función central administrar el estado de cosas para que no empeoren. Así ha sido el primer tercio… Investigador del CIESAS |