Tres meses hace que Gilberto Rincón Gallardo dejó de existir. Esta mañana, en el Castillo de Chapultepec, se celebra un homenaje para honrar la memoria de sus batallas y causas. De entre todas las aportaciones que este hombre hiciera para volver más democrático al espacio público mexicano, sobresale la creación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.La silla que ocupara el fundador del Conapred continúa vacía desde su muerte. Noventa días después, quienes habrían de nombrar al sucesor andan demasiado ocupados en otros asuntos. Ni el jefe del Ejecutivo, ni el nuevo secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, tienen a la no discriminación entre sus intereses. Se trata de un nítido síntoma del ordenamiento en las prioridades presidenciales. Muchas veces Felipe Calderón ha repetido que él sabe escoger sus batallas. Y en efecto, durante los dos primeros años de su mandato ha colocado a la inseguridad como la primera, segunda y tercera de sus preocupaciones. Debajo de esta lista, el Ejecutivo también se ha invertido en la reforma al sistema de pensiones, así como en la reforma fiscal y en la energética. Sin embargo, la concentración que se impuso para atender estos expedientes ha tenido consecuencias nefastas con respecto a otros asuntos que igualmente requerían tratamiento urgente. La lucha contra la discriminación es sólo un botón de muestra. También han quedado fuera de la lupa presidencial las reformas a la ley de medios que la Suprema Corte instruyó el año pasado; la inaplazable reforma laboral para democratizar y volver más eficiente al mercado del trabajo; la reforma a la Educación que no pudo ser sustituida por la fracasada Alianza Educativa; o las reformas que permitirían proteger mejor a los consumidores en estos tiempos de crisis y capitalismo salvaje. Aún si —en términos relativos— observamos una Presidencia acotada, llama la atención que sigan siendo las prioridades del Ejecutivo las únicas que se abordan y resuelven en el espacio público: ¿por qué fue más importante la reforma energética que la educativa? ¿Por qué el tema fiscal tiene más relevancia que los asuntos laborales? ¿Por qué ha podido olvidarse la reforma a los medios de comunicación? Llama la atención, en el mismo sentido, que los legisladores sólo hayan podido colocar a la reforma electoral como tema propio en el debate. Haciendo el símil con el juego de béisbol, en la nueva distribución de roles el Presidente sigue manteniendo el monopolio del lanzamiento de pelota, mientra el Congreso se reduce a batear o cachar las bolas. No está bien la estructura dispuesta para la deliberación democrática porque sólo la élite gubernamental lleva mano con respecto a lo que se discute o se silencia. Es probable que esta circunstancia encuentre su origen en una razón aún más seria: la sociedad mexicana y su opinión pública son todavía muy débiles a la hora de jugar un papel eficaz en el diálogo político que verdaderamente importa. Que el Presidente y los legisladores tengan sus propios objetivos, no tiene nada de extraño. Lo sorprendente es que esa agenda permanezca insensible frente a las presiones ciudadanas. No pintan en el diálogo público los maestros, ni los trabajadores, ni los consumidores, ni los discriminados, entre tantos otros. Lo más que estos grupos logran hacer con sus causas, es obtener una breve mención en los medios de comunicación; y la gran mayoría de las veces ocurre que la noticia termina siendo utilizada para descalificarlos. Sin una opinión pública robusta e independiente del poder político, los actores encumbrados tienden a obtener completa impunidad a la hora de avasallar con su particular agenda. La omnipresencia de la clase política es también responsabilidad de los ciudadanos. Mientras la sociedad mexicana padezca debilidad y fragmentación, el Presidente y los partidos continuarán gobernándolo todo. Analista político |