La llegada de Fernando Gómez Mont a Gobernación permitió que varios analistas discutieran acerca de las deficiencias estructurales de la secretaría. Más aún, ya hay un par de iniciativas en el Senado que buscan corregirlas.Por otra parte, las dos sesiones del Consejo de Seguridad Pública que se refieren como el acuerdo de cien días han permitido hacer evidente que hay también fallas estructurales que impiden que el Estado provea seguridad a la sociedad. Podemos sumarle a esto un problema que seguimos sin querer ver: el Estado no recauda lo suficiente, y la fuente de recursos que permitió sobrevivir 30 años a esta situación, Cantarell, dejará de cubrir el faltante en los próximos 18 meses. Podríamos pensar que se trata de problemas separados, como lo hemos hecho hasta ahora, y seguir buscando soluciones parciales: iniciativas para Gobernación, acuerdos para seguridad, malabares para las finanzas públicas. Pero también podríamos ver estas fallas como reflejos de un problema más amplio, y en consecuencia buscar una solución para éste. Hace treinta años, México era gobernado por un régimen en decadencia. Para 1978, era ya evidente el fracaso social en los cinturones de miseria alrededor de las grandes ciudades, especialmente el Distrito Federal; eran también visibles las deficiencias políticas, apenas distendidas el año anterior con una reforma aperturista pero extremadamente limitada; y la incapacidad económica ya nos había llevado a la primera gran crisis, al cambio de sexenio. Pero en ese año, por primera vez, se obtuvieron más de mil millones de dólares por exportación de petróleo, y a partir del siguiente vendría la abundancia, que multiplicaría por 15 este valor para 1982. Cantarell permitió que los mexicanos viviésemos treinta años sin enfrentar a fondo nuestras deficiencias. Se desmoronó el régimen de la Revolución en 1997, pero no había urgencia por construir nada en su lugar, y hemos arrastrado, once años más, estructuras políticas totalmente inútiles. Hoy, el poder presidencial, eje del antiguo régimen, ya no existe, y ha sido sustituido por una multiplicidad de poderes, cada uno de ellos una miniatura del arbitrario presidente de aquellos tiempos. Por eso la secretaría de Gobernación no puede funcionar, y por eso no podemos enfrentar a la delincuencia. Un gobernador puede promocionar su imagen y ganar elecciones para su partido en otras entidades sin que tengamos herramientas para limitarlo. Otro más puede dar carta abierta al crimen organizado sin que nadie pueda evitarlo. A un régimen autoritario le sigue ahora la feudalización. Pero no hay poder político sin dinero, y no habrá dinero sin Cantarell. El año del centenario parece que será el momento de enfrentar la historia. Veremos. www.macario.com.mx Profesor de Humanidades del ITESM-CCM |