Después de un cuarto de siglo perdido para el desarrollo, el análisis de las causas del pobre desempeño de la economía mexicana tiene una enorme relevancia. Hace tres días, durante su participación en la Quinta Conferencia del Centro sobre el Capitalismo y la Sociedad —institución dedicada a investigar el dinamismo económico—, el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, señaló: “México no puede ser caracterizado como una economía dinámica (…). Entre 1960 y 2007, el crecimiento promedio del PIB per cápita fue de sólo 1.9% por año. En contraste, el promedio del crecimiento del PIB per cápita en el sureste asiático fue de 5.2% anual, mientras que los países europeos de desarrollo más reciente, Grecia, Irlanda, Portugal y España, lograron un crecimiento de 3.3% por año” (http://www.banxico.org.mx/documents).A juicio de Ortiz, el pobre desempeño de la economía mexicana estaría relacionado con su bajo potencial de crecimiento, que estima en un intervalo de 3% a 3.5% anual derivado de “una acumulación deficiente de los factores de la producción, una asignación ineficiente de estos factores y la tecnología utilizada para producirlos”. Lamentablemente, hay un doble problema en este análisis. En primer lugar, el último tramo del modelo sustitutivo de importaciones (o de industrialización liderada por el Estado, como certeramente lo denomina J.A. Ocampo), cuando el PIB per cápita creció a una tasa media de 3.4% anual (1960-1982), es arbitrariamente amalgamado con el periodo 1983-2007, correspondiente al modelo económico neoliberal, cuando el PIB per cápita apenas ha crecido a una tasa media de 0.8% anual. En segundo lugar, puesto que en economía —lo mismo que en otras esferas del mundo objetivo— causas iguales producen efectos iguales, no se explicaría cómo, padeciendo iguales problemas, la economía mexicana creció a una tasa media de 6.7% anual entre 1960 y 1982 (3.4% anual per cápita), y apenas creció 2.5% anual (0.8% per cápita) entre 1983 y 2007. La clave radica en las distintas estrategias económicas aplicadas en ambos periodos. Desde el gobierno del presidente Cárdenas, el desarrollo se había sustentado en una economía de mercado con un relevante intervencionismo del Estado como rector y promotor activo del desarrollo mediante políticas macroeconómicas contracíclicas e instrumentos de fomento sectorial, como regulador del comercio exterior y de los mercados internos, inversionista en áreas estratégicas y promotor del bienestar social. Bajo este modelo económico, el PIB de México se incrementó 15.9 veces (1,592.7%) durante 1935-1982, al crecer a una tasa media de 6.1% anual, lo cual implicó un incremento de 348% en el PIB per cápita, que creció a una tasa media de 3.2% anual; la inversión fija bruta creció a una tasa media de 8.3% anual; y el poder adquisitivo de los salarios mínimos se incrementó 96.9%. Por el contrario, la estrategia económica neoliberal aplicada entre 1983-2007 —que comprendió liberalizar el comercio exterior, el sistema financiero y la inversión extranjera, reducir las políticas de fomento económico sectorial, el abandono de las políticas macroeconómicas contracíclicas, etcétera— trajo consigo el paupérrimo crecimiento: el PIB sólo se incrementó 0.84 veces (84.3%) durante este periodo, al crecer a una tasa media de 2.5% anual, lo que implicó un incremento acumulado de apenas 35.6% en el PIB per cápita, que creció a 0.8% anual; la inversión fija bruta sólo creció a una tasa de 2.5% anual; y los salarios mínimos perdieron 69.4% de su poder adquisitivo. Como en cualquier otro experimento, el resultado empírico debería asumirse como criterio de la verdad. Por el contrario, si México sigue aferrado al neoliberalismo económico —incluso después del colapso de Wall Street—, no podrá reencontrar su propio camino hacia el crecimiento sostenido con equidad. Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM |