Hace algunos años Francis Fukuyama anunciaba el “fin de la historia” y adquirió fama y fortuna. Hoy mantiene esta fama explicando por qué se equivocó. Uno de los fundamentos de su idea era el derrumbe de la Unión Soviética y la instauración de un sistema democrático en Rusia que ofrecía la perspectiva de una paz mundial. Pero hoy Rusia no es democrática en el sentido occidental del término. Y sobre todo, nunca abandonó sus ambiciones históricas de ser una superpotencia. Su amplio territorio, su numerosa población (aunque en rápido declive) y sus abundantes recursos naturales le permiten, contrariamente a Francia y elReino Unido, mantener este sueño de reencontrar el lugar que otrora tuvo en la historia mundial. El mal manejo de la política exterior estadounidense, la división de Europa, sus inmensas reservas energéticas y ahora la crisis económica mundial le permiten avanzar sus fichas. En América Latina, este nuevo activismo ruso encontró terreno fértil. Primeras víctimas de los sobresaltos del neoliberalismo y del consenso de Washington, las poblaciones de nuestra región buscan alternativas. La llegada al poder de dirigentes abiertamente renuentes al neoliberalismo en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua y la añeja relación con Cuba permiten a Moscú reaparecer en la región, con Venezuela como puerta. Para nosotros es una buena noticia si sabemos utilizar a Moscú y no solamente ser utilizados. Para Rusia, América Latina es aún menos prioritaria que para EU o Europa. Sus ambiciones se dirigen primeramente hacia sus numerosas fronteras, con sus ex satélites como obsesión mayor. Parece que sus dirigentes y diplomáticos, formados en la escuela soviética, no integran en su mente que Europa del este, Ucrania, Bielorrusia, los países del Cáucaso y de Asia Central son ahora independientes. Toda la diplomacia rusa está movilizada para reconquistar su influencia en la zona. Luego viene Medio Oriente, Asia y África. América Latina sigue llegando al último en las preocupaciones rusas. Aunque Rusia sea importante, nuestras esperanzas de diversificación se siguen ubicando en Europa y en naciones avanzadas de Asia, como India y China, o en África, donde partiendo de muy poco, especialmente en el caso de México, podemos hacer progresos espectaculares. En segundo lugar, recordemos que Rusia no es la superpotencia que era. Sigue dominando los viejos atributos del poder, ejército y recursos naturales, pero no los nuevos que son los más importantes para América Latina: tecnología, cultura, audiovisual y valores como democracia, derechos humanos, desarrollo sostenible. En estos rubros tenemos que seguir contando con la cooperación de EU y diversificarnos con Europa y Japón. Finalmente, recordemos que Rusia es igual de peligrosa en su patio trasero que EU en el suyo. Apoya a los regímenes menos recomendables y más dañinos para sus pueblos. Y uno de sus mayores atractivos es que está lejos. Con todos estos bemoles, aprovechemos el interés y la colaboración con Rusia. |