El hecho de que Jesús Ortega vaya a asumir en pocos días la dirigencia del Partido de la Revolución Democrática (PRD) tiene una alta significación para la orientación que adoptará el mayor partido de la izquierda en México.Sin exagerar, con este ascenso se están “dividiendo las aguas”, es decir, entre el sector dispuesto a dialogar y llegar a compromisos con otros partidos políticos, y el sector que ha hecho de la confrontación y la negación del oponente su forma de proceder. Esta distinción de campos es un fenómeno hasta cierto punto de vista natural. En Europa, por ejemplo, dio lugar a la separación entre los socialdemócratas y los comunistas. Unos optaron por la vía de las reformas, otros por la opción revolucionaria; los primeros prefirieron la lucha pacífica, los segundos el camino de las armas. Se trata de una separación que obedece a una concepción distinta acerca de lo que es la política. En un caso equivale a la conciliación y, en otro, al enfrentamiento. Pero, ¿por qué no ocurrió esto antes? El asunto es que en la cultura política de la izquierda mexicana, durante décadas, se registró una hegemonía del pensamiento marxista. Incluso, aunque algunas agrupaciones de izquierda aceptaron entrar al marco institucional, la verdad es que no abandonaron la convicción de que finalmente se tendría que llegar al estallido revolucionario; para ellos la democracia era un medio para alcanzar la meta de la sociedad comunista. La aparición de las corrientes socialdemócratas en México se dio, a mi entender, paulatinamente, animadas por los logros alcanzados por la izquierda moderada en el mundo occidental. Ejemplo de esto es la España posfranquista gobernada por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE); en contraste, el modelo a imitar de los radicales dejó de ser Cuba para ceder su lugar a Venezuela gobernada por Hugo Chávez; no el comunismo, sino el populismo. Con el triunfo de Jesús Ortega llega a la dirección del PRD la opción socialdemócrata; las facciones radicales deberán decidir si quedarse allí o moverse a otras agrupaciones. El hecho es que se fortalece en México una línea diferente del conservadurismo y del neopopulismo. Esta línea, obviamente, tendrá que establecer alianzas con otras vertientes afines para lograr sus propósitos. jfsantillan@itesm.mx Académico del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Ciudad de México |