Como expresa un dicho popular, “el camino al cielo está lleno de buenas intenciones”, pero, agregaríamos, éstas no cotizan en las bolsas de valores. Por ello, después de la tan anunciada reunión del G-20 en la ciudad de Washington, los mercados financieros reaccionaron a la baja una vez más, pues en realidad no hubo alguna medida concreta. Habrá que esperar a la reunión convocada para enero próximo en el Reino Unido con la presencia del nuevo presidente estadounidense para que supuestamente se den acciones efectivas y creíbles.Esta crisis es causada por los países desarrollados pero, como siempre, al final pagarán los países pobres. Muchos de éstos, que por cierto hicieron las cosas conforme al manual, se verán afectados, lo cual demuestra de nuevo que el actual sistema económico no sólo es aberrante, sino muy injusto. El señor Bush se encargó de recalcar que “esta crisis no es el fracaso de la economía de mercado. Y la respuesta no pasa por reinventar el sistema”, en franca alusión los europeos, encabezados por el señor Sarkozy, quienes han reiterado que es necesario y urgente refundar el sistema. Es más, el señor Phelps, premio Nobel de Economía 2006, ha dicho que “es absurdo hablar del fin del capitalismo, como dicen algunos europeos, ya que llevar una buena vida presupone un trabajo remunerado”. Sería conveniente que dicho premio Nobel se diera una vuelta y conociera a los millones de personas que en todo el mundo no pueden acceder a esa “buena vida”. Una de las grandes y absurdas preocupaciones que tienen los defensores del sistema capitalista es que la intervención del Estado en la economía para paliar la crisis no sea un pretexto para llevar a sus países al socialismo, como si la intervención que están haciendo los gobiernos no fuera, en primer lugar, para proteger a los especuladores de toda ralea, empezando por los banqueros, y salvarles la cara ante los desmanes cometidos a ciencia y paciencia de los organismos reguladores nacionales y multilaterales. Siguen insistiendo en que debe haber un compromiso con la economía global abierta, resaltando la importancia vital de rechazar el proteccionismo y comprometerse a no crear barreras a la inversión y el comercio durante los próximos 12 meses. Como si el problema no radicara precisamente en el cúmulo de barreras que existen, la mayoría de ellas impuestas por los países desarrollados para proteger a sus agricultores, industriales e incluso a sus honorables banqueros. Ahora resulta que de pronto decidieron culminar la ronda de Doha en breve plazo, proponiéndola como la solución mágica que llevará de nuevo a la normalidad. Falta ver qué dicen los más de 100 países que conforman dicha ronda. Un mundo que ya se encamina claramente a la recesión ¿cómo va a hacer para abrir sus mercados? Todo es pura fantasía y declaraciones, algunas de ellas grandilocuentes, de los presidentes que asistieron. Hasta ahora, Estados Unidos ha sido reacio a la intervención reguladora de los organismos internacionales, con el argumento de que esto sería ceder soberanía, y mientras tanto se llevan al baile al resto de los países. Si de verdad se busca una solución que evite a las naciones este tipo de crisis, todas sin excepción deberían tener reglas claras; cosa que hasta hoy no se ha logrado porque los intereses nacionales siempre están por encima de los compromisos internacionales. ¿Cómo le van a hacer para cambiar un sistema que privilegia la ganancia, la obtención de las mayores utilidades aunque sea a costa de otros? Que ahora limiten su accionar significaría dejar de creer en el sistema y eso, como hemos visto, es imposible. Por ello es que la solución parte de ver hacia adentro, como por cierto hacen las dos grandes potencias, China e India. Situación que por supuesto no están dispuestas a perder en aras de solucionar los problemas ocasionados por los países desarrollados. Con la recesión mundial desgraciadamente en México lo peor está por venir, por lo que hay que mirar hacia el mercado interno. Es una de las medidas que deben tomarse en un país con la mitad de la población en pobreza y donde falta todo: empleo, educación —en la que forzosamente hay que incluir a los más de 6 millones de analfabetas—, salud y en general desarrollo. Quizá no llegarán a tener la buena vida que tiene el señor Phelps, pero sí los mejore en la situación que los ha mantenido postrados por decenas de años. ¿Por qué no dicen nada los Chicago boys? Tan famosos en todo el mundo hace algunos años, cuando inició la supuesta modernidad del sistema y en realidad dio inicio la debacle que hoy nos tiene sumidos en el miedo y la recesión. ¿Por qué no reconocen que se equivocaron y que sus propuestas sólo beneficiaban a unos cuantos? A los de siempre, los dueños del dinero fácil, con la ayuda gubernamental. Analista político y economista |