Las opciones que planteara Albert O. Hirschman en 1970, salida, voz o lealtad, están presentes ahora en el PRD, luego de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación decidiera que el ganador de las complicadas elecciones de ese partido fuera Jesús Ortega.La fracción perdedora, encabezada por Andrés Manuel López Obrador, enfrenta la difícil elección entre quedarse en el PRD ya sea reconociendo de buena gana a Ortega o haciéndole la vida imposible, o bien abandonar una de las franquicias políticas más rentables del país. De alguna forma, la disyuntiva también se presenta para la fracción ganadora. ¿Le conviene al grupo de Los Chuchos que se quede el grupo de AMLO, con los votos que puede aportar al PRD, o que se vaya, con la posible ganancia de que su salida puede atraer los votos que el estilo radical de López Obrador ha ahuyentado? Es curioso cómo tanto partidarios como adversarios de López Obrador ven beneficios a su salida del PRD. Los primeros argumentan que, dado el arrastre electoral de quien fuera candidato por la coalición Por el Bien de Todos, la salida de éste del partido le va a beneficiar. Creen que si se va al partido Convergencia o al Partido del Trabajo, los votos que obtuvo en 2006 se irán con él y que, de esa forma, el PRD se convertirá en un cascarón sin poder electoral. Por el contrario, aquéllos que ven en López Obrador a un radical sin remedio, piensan que su salida le va a beneficiar al partido pues si bien puede llevarse algunos votos con él, al ya no estar en el PRD, éste se podrá mover al centro del espectro ideológico y atraer así muchos votos de la clase media que quedó asustada por el radicalismo del tabasqueño posterior a la elección de 2006. Ahora bien, lo cierto es que, a corto plazo, el panorama político no luce muy halagador para el partido del sol azteca, con o sin AMLO en sus filas. Todas las encuestas muestran una baja importante en la intención de voto y no se ve cómo pueda recuperarse antes de las elecciones del año próximo. En este sentido, todo indica que tanto Chuchos como pejistas estarán haciendo cálculos con miras a las elecciones de 2012. Y desde esta perspectiva, se ve muy difícil que la fracción pejista permanezca en el partido hasta entonces, por la simple y sencilla razón de que es muy probable que, luego de la derrota de Alejandro Encinas, López Obrador no sea el candidato presidencial perredista. Y a estas alturas se ve muy difícil que para 2012 AMLO apoye a un candidato de Los Chuchos —o endosado por Los Chuchos. Así pues, la pregunta central en el futuro del PRD no es si AMLO y sus seguidores salen del partido sino ¿cuándo? Aun cuando la ruptura no se diera de manera inmediata, ésta parece inevitable después de 2009. Ello sin duda tendrá un costo electoral en el corto plazo. Pero si después de ello surge un PRD moderado dispuesto a jugar con las reglas de la democracia, es probable que a la larga la izquierda gane. Veremos. jorge.chabat@cide.edu Analista político e investigador del CIDE |