El triunfo de Barack Obama en las elecciones de EU representó tanto una ráfaga de aire fresco como también lo que parece ser el despertar de grupos sociales que, por diversas razones, no habían sido políticamente activos o se habían (auto) reprimido de participar electoralmente de manera organizada. Me refiero en especial a los jóvenes y a las minorías étnicas. Hay una grata luz al final del túnel.No obstante, un peligro ronda desde ahora la gestión del presidente electo. Se trata de las expectativas enormes que, después de un paseo de ocho años de EU por el medioevo, su triunfo genera para sus ciudadanos y para quienes observamos de lejos el acontecer de ese país. Una de esas expectativas es en relación con el calentamiento global. El presidente Clinton firmó el tratado de Kioto en 1998, pero no lo sometió al Senado para ratificación; el presidente Bush determinó en 2001 que EU no sería parte de Kioto. Un reciente estudio del World Resources Institute señala las dificultades que existen para que ese país se adhiera al tratado de Kioto, incluso con la nueva administración presidencial. El protocolo (artículo 31) impone reducciones a las emisiones de EU de 7% debajo de las de 1990 en los próximos cuatro años. Estas reducciones se pueden lograr por reducción de la emisión de cualquiera de los gases de invernadero o por incremento de resumideros de esos gases (por ejemplo, bosques). Las emisiones de EU aumentaron consistentemente en la década desde la firma de Kioto y seguirán haciéndolo; firmar Kioto ahora implica reducir, en cuatro años, 20% las emisiones actuales. Las opciones son complejas o inviables, porque no se hizo nada en esa década en este sentido. Cambiar combustibles (por ejemplo, de gasolina a combustibles de bajas emisiones de carbono, renovables, energía nuclear) requiere mucho más de cuatro años para lograr las metas e implica cambios de capital social de un tipo de combustible a otro que no son viables en ese periodo. La única alternativa “viable” de cambio es el etanol, pero al que se califica por estudios recientes como ineficiente del todo en cuanto al ciclo de vida de gases de invernadero. Mayor eficiencia energética es una buena respuesta. Aumentar precios de combustibles redujo consumos cerca de 20% temporalmente en California, pero la duplicación de precios de gasolina en todo el país sólo redujo 5% la demanda. Esta opción hay que usarla, pero tendrá efectos a más largo plazo del requerido. La reforestación tampoco puede producir los resultados en menos de un lustro. La posibilidad de compra de opciones en países en desarrollo luce muy complicada porque muchos otros países desarrollados competirán por esas opciones que tampoco son tan amplias. Si una parte de los montos invertidos en la guerra de Irak se usaran para estos propósitos, podría acelerarse el proceso de reducciones, pero no en cuatro años. El estudio de WRI concluye que EU sólo podrá, en el mejor de los casos, estabilizar o reducir modestamente sus emisiones en los siguientes cuatro años. Aunque con muy bajas probabilidades las metas de Kioto pudiesen ser alcanzadas, parece muy poco probable y políticamente muy difícil esa firma, ya que la fundamentación racional de firmar Kioto ahora es muy débil. En lugar de ello, lo que habría que esperar es la búsqueda de un “nuevo Kioto” con muchos de los elementos del Kioto actual, en el que EU tuviese una participación real, de liderazgo y comprometida con metas realizables, bien definidas en alcances y tiempos. jose.sarukhan@hotmail.com Investigador del Instituto de Ecología de la UNAM |