Antonio Villalba, in memoriamHoy en Estados Unidos se va a escribir una página importante de la historia contemporánea de ese país. Este 4 de noviembre los ciudadanos acudirán a las urnas con la convicción de redefinir los próximos cuatro años de la política y de la economía no sólo de su territorio nacional, sino más allá de sus fronteras. Las condiciones extraordinarias de esta elección apuntan hacia lo que ha despertado el proyecto de Obama, un líder completamente atípico frente al establishment de Washington. Tal vez en los libros de historia el día de hoy será recordado como el día en el que se eligió al primer presidente afroestadounidense en Estados Unidos, un país con profundas raíces esclavistas. El dato novedoso no será sólo el alto porcentaje de votos de las comunidades negras de todo el país, sino la incorporación de una nueva generación de jóvenes a la política partidista. Todas estas piezas podrán llevar a una de las elecciones más participativas de los últimos años, en un país donde ha crecido de forma sistemática el abstencionismo. Las condiciones de este día de elecciones rompen con inercias y patrones. El estallamiento de la crisis económica, como clima y tema de política pública, ha hecho que las campañas tengan una superconcentración en los asuntos del bolsillo, los impuestos, la seguridad social, las condiciones para conservar o perder la vivienda o el empleo. La economía se ha convertido en el tema con mayúsculas. Como pocas veces, una crisis económica será el criterio para evaluar el desempeño de un gobierno; tal vez algo similar sucedió con la crisis de 1929, parámetro de comparación. La posibilidad de darle un giro a esta historia pasa hoy por las urnas. Pero lo económico es sólo uno de los vagones que arrastra un tren de fracasos de la administración de Bush y, con ella, de un paradigma neoconservador que ha destruido el prestigio internacional de Estados Unidos, ha violentado la legalidad, diminuyó las fortalezas democráticas, provocó una guerra innecesaria en Irak y, para cerrar con broche de oro, ha desencadenado una crisis económica internacional de proporciones históricas. Con ese costal de agravantes se pensó que la elección sería un día de campo para los demócratas, pero no fue así hasta el crack financiero. La fórmula McCain-Palin, con todo y sus tropiezos, torpezas y frivolidades, llegó a tener momentos en los que rebasó a la fórmula Obama-Biden. Sin embargo, hoy los demócratas ganan también en territorios republicanos (Florida, Carolina del Norte, Nevada, Ohio). No hay una sola forma de entender la política porque la racionalidad de los actores y votantes obedece a distintas lógicas y jerarquías. Obama representa un cambio de rumbo de forma inmediata. Su proyecto, el discurso, las expectativas que ha generado este nuevo liderazgo serán necesarios para enfrentar el reto que viene. Si las encuestas que le daban la ventaja se confirman hoy en las urnas, Obama tendrá enormes retos al llegar a la Casa Blanca. Necesitará poner en práctica algo equivalente al New Deal, como el que estableció el presidente Franklin D. Roosevelt, pero para el siglo XXI. Si es cierto que estamos ante la crisis más importante del modelo neoliberal —una crisis del fundamentalismo del libre mercado, como dijo Noam Chomsky—, los cambios que se necesitan son proporcionales a un nuevo modelo de regulación y de compromiso del Estado frente al mercado para hacer gobernable la globalización. Habrá que analizar los detalles de esta elección, los resultados en el Congreso, donde se anuncia una mayoría del Partido Demócrata: 60 de 100 senadores y 250 de 435 representantes, (José Carreño Figueras, EL UNIVERSAL, 1/XI/2008). En el momento en el que Obama logre los 270 votos electorales que necesita para ganar, la historia de esta elección extraordinaria mostrará cómo un nuevo liderazgo puede empezar a recuperar un sistema político que se había degradado de forma considerable. Esta es la apuesta por Obama… Investigador del CIESAS |