Las elecciones presidenciales de Estados Unidos conciernen al mundo entero. Sólo votan los ciudadanos estadounidenses, pero mientras el vecino país disponga del poder hegemónico que ejerce desde la Segunda Guerra Mundial, sus temas domésticos serán parte fundamental de la agenda mundial.No son pocos los críticos que han augurado la inminente pérdida de la supremacía estadounidense en el mundo. Sus opiniones han vuelto a ganar la atención de la opinión pública a la luz de la crisis financiera internacional. Subrayo las opiniones de George Soros y Paul Krugman. El primero, en su libro más reciente, El nuevo paradigma de los mercados internacionales. Para entender la crisis económica actual, afirma que “la crisis actual marca el fin de una era; el fin de un largo periodo de relativa estabilidad basado en el poder dominante de Estados Unidos y en el dólar como divisa de reserva internacional”. Paul Krugman, premio Nobel de Economía y crítico persistente de las políticas del gobierno de George W. Bush, ha expresado que “no está desilusionado, sino más bien asustado, ya que se dejaron pasar tres semanas sin que el gobierno de Bush hiciera lo que tenía que hacer: intervenir el sistema financiero. La negligencia presidencial contribuyó a la profundización de la crisis”. Estas opiniones no desdeñables nos permiten identificar los asuntos fundamentales en juego en las elecciones estadounidenses, así como la agenda ineludible que enfrentará el próximo presidente, que se condensan en la crisis del modelo económico internacional estructurado en Bretton Woods en 1944, que gira en torno del papel protagónico de Estados Unidos. El modelo económico internacional hizo posible la consolidación del estado del bienestar en Estados Unidos. Al mismo tiempo que se creaban las condiciones mínimas para ofrecer a los que pisaran el suelo estadounidense un horizonte abierto e infinito de posibilidades de desarrollo personal. Inmigrantes de todo el mundo y millones de mexicanos se han beneficiado del modelo estadounidense. Las miles de evidencias de éxito acumuladas a lo largo de varias décadas hicieron verosímil la ideología del sueño americano, así como la promoción de su modelo político y de su cultura a lo largo de todo el mundo. Pero desde la llegada de Bush al gobierno, el modelo se ha debilitado sensiblemente al mismo tiempo que ha mermado la supremacía estadounidense. En la coyuntura de las elecciones presidenciales, atravesadas por la incertidumbre de la crisis financiera internacional, el modelo con todas sus virtudes y limitaciones se encuentra seriamente en riesgo de persistir, tal y como lo hemos conocido hasta ahora. En esa tesitura, los electores estadounidenses votarán por el candidato que mejor represente sus expectativas y que ofrezca mejores alternativas para bajar la incertidumbre. También votarán con la ilusión de que el nuevo presidente conseguirá reanimar la economía estadounidense y preservar su papel preponderante. Ninguno de los dos candidatos hasta ahora ha ofrecido suficientes evidencias de que hubiesen entendido la naturaleza de la crisis financiera internacional y de que disponen de propuestas innovadoras para enfrentar sus desafíos inéditos, dentro y fuera de Estados Unidos. Los candidatos dan la impresión de que la crisis financiera internacional, así como los impactos negativos que ya ha tenido sobre el modelo económico y social, los han tomado por sorpresa. Hasta ahora las propuestas para refundar el capitalismo han llegado de Europa y en especial de Gordon Brown y de Nicolas Sarkozy. Ellos han asumido un papel muy activo para convocar a los países con mayor peso específico en el mundo con el objeto de establecer nuevas reglas del juego. El primer desafío del presidente que surja de las elecciones consistirá en asumir el liderazgo en la construcción de una nueva arquitectura económica y financiera internacional o simplemente observar la declinación de la supremacía de Estados Unidos, como lo hizo George W. Bush. Doctor en Ciencia Política y Sociología |