La imagen de un empresariado que parecía infalible e impecable se está derrumbando en México con motivo del asalto a la sinrazón que ejercieron muchos magnates de nuestra industria y comercio, que creyeron ser magos del financiamiento virtual y de los préstamos en petrodólares; lo que les iba a permitir la multiplicación de sus emporios con base en las mismas premisas falsas que llevaron a la economía mundial a hundirse en el inmenso fraude que estamos padeciendo.La especulación desaforada de quienes quisieron enriquecerse hasta el infinito con créditos casi gratuitos en dólares falsos ha llevado a muchas vacas sagradas del empresariado a quiebras estrepitosas y a los consecuentes desastres financieros para toda nuestra economía; y en razón de ello, sería interesante saber si a esos magnates tan patriotas e impolutos les importó en algo el daño tan enorme que podían causarle al país con su desmesurada avaricia e irresponsabilidad. Ahora, la doble moral de esos próceres financieros ya es irrelevante, ante su derrumbe a causa del tsunami fraudulento que urdieron los petroleros y los industriales de la guerra, que son los responsables fundamentales de esa inmensa burbuja de préstamos impagables que ha contaminado hasta las entrañas mismas de la economía mundial. Esta crisis generada por esas pandillas delincuenciales es la que está provocando las “corridas” suicidas contra el peso por parte de todos aquellos que se “apanicaron” y que ahora buscan refugio en el mítico dólar, o de quienes tienen que pagar con pesitos cada día más chiquitos y devaluados los préstamos en dólares que supuestamente los iban a llevar a multiplicar exponencialmente sus riquezas; y que ahora se han convertido en víctimas de las caídas abismales en las bolsas, los derrumbes del oro y la picada del peso, que les han arrebatado todo el dinero que creían suyo y que ya se fue para siempre, a pesar del financiamiento de emergencia que el gobierno ahora les está concediendo, que sólo hará más larga y profunda su agonía y la del país. En estos momentos tan aciagos ojalá y nuestros fracasados magnates vuelvan los ojos al cielo y le pidan clemencia al Creador, flagelando sus cuerpos pecadores con los agudos cilicios de la austeridad, para así expiar su pecado de avaricia, que los llevó a arrodillarse y a danzar frente a un becerro de oro que tenía sus patitas hechas de pura composta. editorial2003@terra.com.mx Doctor en Derecho |