Los gobiernos de casi todo el mundo rápidamente se han movilizado para salvar a sus bancos y empresas que le entraron a la especulación a costa de los ahorradores y los propios gobiernos. Algunos países por lo menos se han atrevido a pedir participación en los bancos o empresas apoyados; otros, como el nuestro, sólo han permitido la escandalosa pérdida de reservas internacionales, sin tomar hasta ahora alguna medida sancionatoria.Se suponía que de este régimen panista hundido en la mediocridad se salvaba por lo menos su equipo financiero. A la postre resultó peor pues el daño que causan los secretarios de Agricultura o Economía es menor al generado por las autoridades hacendarias y monetarias. Sin embargo, siguen sonrientes como si no fueran en parte responsables de la debacle. Hasta ahora toda la atención ha estado en el mundo financiero pero falta lo peor, que es el mundo del empleo y el ingreso. Esta semana leímos en las páginas de EL UNIVERSAL las declaraciones del director de la Organización Internacional del Trabajo, quien afirmó que como producto de esta crisis seguramente se sumarán a las filas del desempleo más de 20 millones de personas en el mundo, que el número de trabajadores pobres que viven —valga el eufemismo— con menos de un dólar al día aumentará en 40 millones y los que lo hacen con dos dólares aumentarán en 100 millones. En nuestro país ya estamos viendo los resultados de la avaricia de empresas y bancos. Algunas de ellas se califican como “empresas responsables”; no sabíamos responsables de qué, ahora sabemos que de la más burda y clara especulación. El empleo formal no sólo no crecerá, sino que disminuirá, y el informal aumentará más, con las consecuencias en la generación de impuestos y la seguridad social para los más pobres. Pero si agregamos el continuo y permanente incremento de precios que se da en nuestro país, se prevé un coctel muy peligroso. A las autoridades no se les ha ocurrido que los incrementos mensuales en la energía eléctrica y los semanales en las gasolinas pueden contribuir a encender una chispa de consecuencias inimaginables. En este tema están igual que en el combate al narcotráfico, al que se lanzaron sin plan ni conocimiento del enemigo; ahora con los aumentos de precios se lanzan igual, sin medir las consecuencias. Ya han pasado varios días desde que el país perdió más de 10 mmdd de sus reservas —producto de la labor de todos los mexicanos, no una prebenda entregada al gobierno para que hiciera lo que quisiera— y hasta ahora, más allá de declaraciones amenazantes hacia algunos empresarios, nada ha ocurrido. Por cierto, en el tema de las reservas, como hemos mencionado algunos, sigue sin estar claro si el Presidente de la República dijo una cifra errónea el 8 de octubre cuando expresó que había más de 90 mil millones de dólares, mientras que Banxico publicó que había 86 mil millones. La diferencia no es mínima, alcanza cerca de 5 mil millones de dólares que Banxico ocultó o alguien dio mal la información. En aras de la transparencia, alguien debe aclarar cuál era la verdadera situación de las reservas el día que se le ocurrió a este gobierno regalar a los especuladores más de 130 mil millones de pesos en dos días. Si no lo hacen ahora algún día tendrán que hacerlo. En estos temas no hay, ni debe haber, vuelta de hoja. Son los recursos del pueblo. Analista político y economista |