A raíz de la crisis financiera internacional, el presidente Calderón lanzó una iniciativa para hacer frente a la misma, la cual comprende cinco puntos: 1) destinar 53 mil millones de pesos al gasto público en infraestructura; 2) eliminar el esquema pidiregas en Pemex; 3) construir una nueva refinería con una inversión de 12 mil millones de pesos; 4) aumentar en 2 mil millones de pesos el apoyo a pequeñas y medianas empresas (pymes), otros 500 millones al Fondo Nacional de Apoyo a Empresas en Solidaridad, ampliar el presupuesto del Servicio Nacional de Empleo en 250 millones de pesos y dotar a la banca de desarrollo hasta con 165 mil millones de pesos de crédito; y 5) elevar la competitividad mediante la simplificación de trámites de comercio exterior y la operación aduanera.En total se destinarán al programa 255 mil 300 millones de pesos, ello elevará el déficit presupuestario del gobierno 1.8% del PIB y aumentará los requerimientos financieros del mismo 2.8% del PIB. Por otro lado, se admite que el gobierno dejará de recibir 28 mil millones de pesos por menor recaudación de impuestos, menor precio del petróleo y otros impactos negativos derivados de menores exportaciones, remesas, turismo e inversión extranjera directa. La propuesta del Ejecutivo es elevar el crecimiento y el empleo con mayor gasto, a la vez que habrá una fuerte reducción de los ingresos. Este plan abandona los esquemas ideológicos y perversos para el país apoyados en supuestos irreales del libre mercado, al igual que la mayor parte de los gobiernos de países ricos abandonan las falacias apoyadas en la ideología de la libre competencia. Se reconoce la necesidad de intervenir el mercado, inyectar mayor gasto del gobierno a la economía a fin de elevar la demanda, lo que elevará la inversión y el empleo. La debilidad del plan es que éste no tiene bien identificadas las raíces del problema y está utilizando recetas ya practicadas en el pasado que arrojaron resultados parciales y poca efectividad. En primer lugar, la crisis no obedece a un efecto de contagio de Estados Unidos sobre México, porque los mismos ingredientes que provocaron la crisis en ese país se encuentran presentes en México y harán detonar la crisis acá con una severidad tan profunda como la estadounidense. Muestra de ello se aprecia en la recién anunciada bancarrota de Comercial Mexicana, los problemas financieros de Herdez, Cemex y otras de las compañías mexicanas más grandes. El problema manifiesta un claro rezago de la demanda interna derivada de la elevada concentración del ingreso en un pequeño estrato de la población. En segundo lugar, reconocer que el problema del crecimiento en México es un problema de demanda que será resuelto con mayor gasto público plantea la siguiente pregunta: ¿hasta dónde será necesario inyectar recursos públicos que mantengan el crecimiento? Y si se dejan de inyectar recursos, ¿entonces nuevamente caerán la inversión y el empleo? No se trata solo de paliar la caída del crecimiento, sino más bien de crear condiciones para que el sistema por sí sólo pueda crecer y generar el ingreso necesario que permita impulsar el gasto del gobierno en educación, salud, ciencia, tecnología, y no al revés, que sea el gasto del gobierno el que impulsa el crecimiento. No se trata sólo de crear un programa frente a la crisis, que finalmente puede ser rebasado por la misma severidad de la crisis, sino más bien de crear un sistema que disminuya la propensión a caer en crisis y genere los suficientes ingresos para la población y el Estado en su conjunto, que reemplace al sistema actual que se ve obligado a recurrir al déficit público de emergencia, que incorpore a la mayor parte de la población como trabajadora y como consumidora en lugar del actual sistema excluyente de cada vez mayor parte de la población y elevada concentración del ingreso. apinedaosnaya@yahoo.com.mx Profesor de Producción Económica; UAM-Xochimilco |