En la segunda semana de octubre las bolsas de valores de prácticamente todo el mundo tuvieron un derrumbe espectacular. El índice promedio industrial Dow Jones estadounidense perdió 26% de su valor; el Nikkei-225 japonés, más de 32%; el FTSE-100, británico, 20%, y aunque las pérdidas en las bolsas latinoamericanas fueron menores, incluida la de México, éstas se combinaron con caída de las monedas de la región.Los índices de Wall Street sufrieron en una semana —que no en un día— una baja mayor que la del crack de octubre de 1929, que precedió a la depresión más grave de la historia del capitalismo, misma que se prolongó hasta 1933 y algunos de cuyos efectos perniciosos apenas se superaron con la Segunda Guerra Mundial. En medio de la catástrofe bursátil, Gordon Brown, primer ministro británico, introdujo un amplísimo programa de nacionalización de bancos privados, a fin de salvarlos de la quiebra con dinero del fisco. Las medidas de Brown fueron rápidamente seguidas por los gobernantes de varios países de Europa occidental, incluido el alemán, no obstante la resistencia inicial de la canciller federal Angela Merkel a una intervención estatal masiva que significara estatización de bancos; poco después, el secretario del Tesoro estadounidense anunciaría un programa similar, por un valor indicativo de 250 mil millones de dólares. Las acciones de gobiernos que hasta hace poco eran defensores a ultranza del libre mercado y de una mínima intervención del Estado en la vida económica, como el del fundamentalista George W. Bush, para sacar de la crisis financiera al capitalismo, llevó a conclusiones extremas de sentido contrario. Unos se apresuraron a anunciar la presencia de una crisis terminal del sistema capitalista, mientras otros denunciaban la socialización de dicho sistema. Obviamente, ambas interpretaciones son más viscerales que objetivas. El semanario The Economist, aparecido por primera vez en 1843 como defensor del capitalismo, en su editorial del jueves pasado intentó hacer una evaluación sustentada y más serena de lo que está ocurriendo. Sin dejar de apuntar la necesaria revisión de algunos paradigmas del libre mercado y la corrección del desequilibrio actual mediante la acción gubernamental, reiteró la valía del sistema que (cito), “con todas sus fallas, es el mejor sistema económico que el hombre haya inventado hasta ahora”. Afirmación que muchos rechazarán, pero allí están 175 años de historia documentada para debatir si es cierto o no lo señalado por el semanario. Profesor investigador de El Colegio de México |