La crisis financiera en los países capitalistas centrales ha dado lugar a toda suerte de análisis apocalípticos sobre el desplome de la economía mundial. Lo primero es recordar y comparar los fenómenos contemporáneos con la crisis de 1929. Al escuchar a los analistas reflexionar sobre los sinsabores de la crisis actual, no deja de llamar la atención el sustrato religioso en muchos de ellos. Esto es, la idea del cataclismo mundial como consecuencia de la avaricia viene directamente de la Biblia. Así, para algunos ya es tiempo de enfrentar y saldar cuentas con nuestro Creador, mientras que para otros es tiempo de encarar el monstruo que hemos creado.La crisis económica se convierte en política cuando los actores son incapaces de ponerse de acuerdo en cómo resolver los vaivenes de la economía y difieren en sus orígenes y consecuencias. El mundo que emergerá detrás de las cortinas de la crisis va a ser muy distinto al previo. Lo sustantivo será que Estados Unidos está en proceso de ser desplazado como la economía dominante, para convertirse en una economía con muchos competidores a su altura. Su poderío militar, ya sobrecomprometido en dos países, dejará de ser contundente. Este no será un proceso automático ni fácilmente perceptible, sino uno que tardará unos años en definirse. Este redimensionamiento de la presencia estadounidense en el mundo le permite a México replantear su relación con la región. Al firmar el TLCAN, México reconocía que era parte de ese bloque regional. Esto equivalía a decir que EU era nuestro destino manifiesto. Hoy, 90% de nuestro comercio exterior transcurre con ese bloque (EU y Canadá). Sin embargo, el Leviatán está herido, si no de muerte, sí en muchas de sus anteriores capacidades y atractivos. Es tiempo de ubicar en términos del interés nacional los nuevos parámetros de nuestra acción mundial, máxime que México será, a partir de enero, miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Son tiempos para la diversificación comercial y política. Recursos del Estado debieran servir para fortalecer nuestro comercio con Europa, Asia y América Latina. En pocos años debiera ser posible ampliar nuestro comercio a esas regiones a fin de que con EU sólo represente 50%. Así, México gozará, casi inmediatamente, de mayor libertad política en el mundo. Un lugar en el Consejo de Seguridad será un espacio para una voz libre y no una opacada por sus compromisos regionales. ricardopascoe@hotmail.com Analista político |