Resulta prematuro predecir hacia dónde se dirige la crisis financiera mundial. Sus causas son pobremente entendidas y sus consecuencias totales desconocidas.Nadie está seguro de cuáles serán los remedios indicados. Sin embargo, Barack Obama quizá también tenga la ventaja sobre John McCain de abordar los problemas y reparar el daño. Está claro que cualquier solución requerirá de una respuesta internacional cooperativa, y Obama, casi en todos lados, será el socio mejor recibido. Es verdad que los demócratas sienten una mayor adversidad hacia la globalización y el libre comercio respecto de los republicanos, pero también es verdad que los demócratas están menos casados con la rígida ideología de libre mercado. Se sentirán más cómodos con una extensa participación del gobierno en la economía, una postura que facilitará la colaboración sobre asuntos financieros con Europa y el resto del mundo —si Obama está listo para resistir la presión de su partido para ver hacia adentro. Además de los asuntos financieros, las dos áreas de las políticas estadounidenses que actualmente representan una mayor preocupación para Latinoamérica son inmigración y comercio. Son los temas más importantes de la agenda pendiente de la administración Bush para la región. Algo interesante es que también se han convertido en dos temas críticos de la agenda europea con Latinoamérica. Desafortunadamente, los actuales sentimientos antiglobalización del público de EU progresarán con muchas dificultades en cualquiera de los frentes, sin importar quién gane las elecciones de noviembre. Los gobiernos latinoamericanos aplaudieron la reforma integral de inmigración promovida por Bush, que incluía un número ampliado de visas temporales para trabajadores, un camino a la ciudadanía para 12 millones de inmigrantes que están ilegalmente en EU y un mayor reforzamiento de las leyes migratorias del país. Ambos candidatos apoyaron la iniciativa, pero McCain se ha retractado por la impopularidad de la medida entre los republicanos. Obama todavía apoya las reformas, lo que explica al menos en parte por qué lo favorecen dos de cada tres votantes hispanos. Una victoria de Obama con este enorme margen de apoyo latino le daría a la administración una presión considerable para apoyar una nueva legislación en la materia, aunque sin duda será un debate cuesta arriba. El palpable ambiente antiinmigrante en EU (y Europa) sin duda se ha incrementado por los eventos económicos recientes. Cuando el presidente de EU tome posesión, el mayor factor de presión de comercio será cuando los acuerdos de libre comercio con Colombia y Panamá sean enviados al Congreso para su ratificación. El acuerdo colombiano es más difícil. Fue inicialmente firmado por ambos países en 2006 y ha sido aprobado en dos ocasiones por la legislatura colombiana. Se le opone una gran mayoría de demócratas. Obama, un crítico de la mayoría de los tratados de libre comercio, hizo claro en su debate con McCain que él votaría contra el acuerdo colombiano en su forma actual, primeramente por la violencia permanente en el país. McCain favorece una rápida aprobación. Sea quien gane la Presidencia, los demócratas expandirán su mayoría en el Congreso. Esto significa que el acuerdo no será ratificado, probablemente ni siquiera sea votado sin cambios en el texto además de nuevos compromisos para mejorar los derechos humanos en Colombia. Las preguntas sobre el comercio fronterizo para el próximo presidente se enfocarán ahora en cómo proceder con la casi extinta Ronda de Doha para el comercio multilaterial si algo puede hacerse por el débil pacto global. McCain es claramente más fuerte en ambos frentes. Traducción: Mariana Toledo Analista de Inter-American Dialogue |