Un grave incendio mundial provocó el resquebrajamiento del sistema financiero estadounidense. El cerillo que prendió fuego, todos lo sabemos, fueron unas hipotecas llamadas subprime, garantizadas sólo con artificios financieros.El incendio llegó a México. También aquí, no lo dudo, pudieron organizarse algunos negocios con juegos de magia económica o compromisos ficticios de saliva. Ni tardos ni perezosos, muchos actores políticos empezaron a pedir cabezas y a exigir responsables del incendio. Nombres y apellidos surgieron de manera irresponsable para dañar prestigios o sembrar dudas. No lo dudo. Muchos negocios se debieron haber realizado al amparo de huecos legales e incluso de omisiones en la tarea de fiscalización de las autoridades. Tampoco debemos dudar de que quienes cometieron alguna falta a las leyes del país o a las disposiciones hacendarias o del mercado de valores deben responder. Pero la pregunta es simple: ¿es el momento de buscar las cabezas de los pirómanos o es el momento de apagar el incendio en nuestra economía? ¿Es el momento de poner en la picota a todos los empresarios y esperar que el incendio se apague solo o, de plano, es la hora de proteger los empleos? El porvenir del desarrollo económico del país es difícil; armar el patíbulo para algunos administradores que especularon, no con dólares, sino con la información financiera de sus negocios, no va a evitar el bajo crecimiento económico del país. ¿Colgar una cabeza de un patrón del edificio de la Bolsa de Valores Méxicana, como estuvo la de Miguel Hidalgo en la Alhóndiga de Granaditas, animará el feo panorama económico? Es la hora de intentar apagar el incendio. Es la hora de promover el gasto público, según afirma el más reciente premio Nobel de Economía, Paul Krugman, quien de plano sentenció recientemente: “Está políticamente de moda despotricar contra el gasto estatal y pedir responsabilidad fiscal. Pero ahora mismo, un mayor gasto estatal es lo que el doctor receta, y las preocupaciones sobre el déficit presupuestario deben ser dejadas en suspenso”. La afirmación es contundente. No sé si sea el único método correcto para abordar la crisis, pero sí estoy seguro de que ese es el debate de fondo. ¿Más John Maynard Keynes y menos Milton Friedman? ¿Más Estado promotor y controlador del mercado y menos libertad de mercado? ¿Más regulación? ¿Menos “mano invisible” de Adam Smith y más “mano visible” de la autoridad en los intercambios mercantiles? Ese debate debería estar resuelto por aquel principio que afirma que la libertad económica de los particulares es condición necesaria, pero no suficiente, para construir un orden económico fuerte y justo. La justicia en las relaciones económicas no puede ser sólo el resultado de pretendidos procesos económicos, que sólo estimulan la prepotencia económica, como quieren los liberales; ni tampoco del control totalitario de la economía por el gobierno, como sueñan los estatistas. El Estado debe fomentar el empeño personal, estimular y coordinar todas las actividades adecuadas para la estabilidad y la prosperidad de la economía y, al mismo tiempo, corregir las injusticias que existen en la aplicación y distribución del ingreso nacional. Este camino de Estado activo frente a la libertad individual, para alcanzar el desarrollo económico justo, lo sostiene Efraín González Morfín desde que en 1970 fue candidato del PAN a la Presidencia de México. *** México debe entenderse con todos sus vecinos. Es usted. bienvenido, canciller Felipe Pérez Roque. Presidente nacional del PAN |