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México D.F., a 18 de octubre de 2008 | 11:43 PM

Juan Francisco Escobedo
El Estado ha reaparecido
18 de octubre de 2008


El Estado es un reductor de incertidumbre y productor de seguridad, adelantaba Thomas Hobbes desde el siglo XVII. Desde entonces, tanto en la teoría política como en las constituciones formales y reales de los estados nación se le han añadido muchos atributos al orden estatal, pero en ningún caso se le ha despojado de su condición de ente productor y vigilante de las reglas del juego de la vida social, política y económica.

Los matices se encuentran en las definiciones conceptuales y en el diseño de las funciones de los poderes públicos. El grado de intervención estatal en la vida de una nación ha determinado la naturaleza del modelo a seguir, así como el discurso político para legitimarlo.

En el último siglo, el mundo ha sido testigo del auge y declinación de varios modelos de Estado. Europa asistió al tránsito del Estado absolutista al Estado liberal, con todas las variantes que este último ha albergado. Desde la expresión del Estado liberal y parlamentario inglés con ribetes monárquicos, hasta el Estado centralista y laico francés, pasando por los estados liberales latinoamericanos.

En el siglo XX asistimos al derrumbe del incipiente Estado liberal, constitucional y democrático alemán encarnado en la República de Weimar, cuyo quiebre incubó el ascenso del Estado totalitario, en el que se disolvieron bajo un ropaje legal, las instituciones y la legalidad del viejo orden político liberal.

El totalitarismo también encarnó en el modelo soviético y en el modelo chino de planificación centralizada. Estos modelos se replicaron con sus variantes nacionales en diversas regiones del mundo.

Después de la Segunda Guerra Mundial el modelo del Estado del bienestar o Estado providencia encontró el consenso político para desarrollarse. Después de tres décadas de expansión, las distorsiones corporativas y el manejo laxo de las finanzas públicas empezaron a debilitarlo.

El ascenso al poder de Ronald Reagan y Margaret Thatcher le abrió el camino al modelo de Estado neoliberal. Se debilitaron las políticas sociales y se desprestigió el ejercicio de las funciones básicas del Estado para producir normas y regular los procesos fundamentales de la vida social y económica.

El mundo se enfrascó en el falso dilema entre el Estado y el mercado. El modelo Estado céntrico que imperaba en Europa y América Latina empezó a debilitarse y a poner en riesgo la estabilidad de las naciones.

Llegó el vendaval del Consenso de Washington y las políticas en materia de desregulación, privatización y apertura comercial se convirtieron en la nueva panacea. La trama de los estados que siguieron a pie juntillas este enfoque se volvió tributaria de los intereses de los poderes fácticos, que aprovecharon el repliegue institucional para imponer sus reglas.

En los tiempos que corren el Estado neoliberal ha sido descalificado por sus propios promotores. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han dejado de recomendar la aplicación ortodoxa de las políticas del Consenso de Washington.

La pobreza no cede, la desigualdad se acentúa, la criminalidad crece y la inseguridad se expande. Frente a este panorama, los detractores del Estado ahora recomiendan el fortalecimiento de las instituciones públicas, del estado de derecho y de los mecanismos institucionales para vigilar el cumplimiento de las leyes.

Desde el centro de las contrahechuras del capitalismo surge el llamado para que regrese el Estado y le vuelva a dar certidumbre a la vida social, económica y política, como proclamara Hobbes en su célebre Leviatán.

El Estado como reductor de la incertidumbre y productor de seguridad renace entre los estertores de la crisis financiera internacional. Ha sido el Estado estadounidense, y no el mercado, el que ha actuado para detener la debacle económica. En México ha sido el Estado el que ha entrado en acción, lo mismo que en Europa.

El falso dilema se ha pulverizado. Necesitamos nuevas reglas del juego y un ente capaz de hacerlas cumplir y de sancionar a quienes las infringen.

Doctor en Ciencia Política y Sociología

  Acerca del autor

Presidente de la Fundación Información y Democracia A.C. Doctor en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Por otro lado, es coordinador de la Maestría en Comunicación y profesor-investigador de la Universidad Iberoamericana. Ha publicado libros e impartido cursos, conferencias y varias asignaturas en diversas universidades de México y el extranjero. Recientemente obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional de Tesis Doctorales convocado por la H. Cámara de Diputados.

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