Entre las virtudes públicas inherentes a la sociedad estadounidense reconozcamos la de su irrestricto respeto a las leyes. Forma parte medular de su cultura democrática el pleno acatamiento a las sentencias definitivas del Poder Judicial, a los fallos de quienes dicen e interpretan el derecho y velan por la juridicidad constitucional.Por ello, resulta incomprensible que, hasta donde mi información alcanza hoy, nadie haya denunciado ante las autoridades competentes a quienes, durante los últimos años, maquinaron, con dolo impune, las peores engañifas en la historia de la administración financiera hipotecaria estadounidense. A la vista del caos económico mundial —sus letales consecuencias ya se padecen no sólo en Estados Unidos— desencadenado por obra de la ambición suicida de insaciables negociantes timadores, el gobierno yanqui ha roto, en este singularísimo caso, con su sacrosanta receta prototípica: la horma neoliberal impuesta a machamartillo en los países menos desarrollados. Trágica paradoja: la mano invisible del mercado destrozó a los invencibles y ahora —ellos sí— invisibles mercados. Al traicionar sus propias obsesiones fundamentalistas, el gobierno estadounidense intervino, tarde y mal, al caer en la cuenta de la planetización de la catástrofe. Ahogado el niño, Bush intentó tapar el pozo. Los magnates de las finanzas siderales, hijos predilectos del neoliberalismo, urdieron toda suerte de tan punibles como artificiosas estratagemas concebidas para simular una supuesta bonanza en las hipotecarias, hechas añicos a consecuencia de la ambición ilegal de sus inescrupulosos directivos. Y todo eso ocurría ante la omisión cómplice de Bush y de su gobierno: aparentaron ceguera durante más de un año. ¿Funcionará ahora el sistema jurídico en Estados Unidos? ¿Fiscales y jueces serán capaces de investigar y sancionar los demoledores agravios y daños económicos y morales infligidos a millones y millones de personas, familias y empresas de magnitudes diversas, víctimas del premeditado mutis de Bush y de las maniobras ventajistas urdidas por los ejecutivos del mundo hipotecario hoy en quiebra total? Padeceremos aquí los ramalazos del desastre, pero ¿qué viene? Nadie lo sabe con certeza. La dura realidad desmintió, por enésima ocasión, el trillado cuento de los mercados que se autorregulan: los mercados no se regularon, se estrangularon. Los estrangularon. Y, de paso, los especuladores hegemónicos se suicidaron. En contra de sus convicciones, el gobierno panista anuncia un plan anticrisis. No tiene más remedio: da la razón al programa económico del PRI. Consejero político nacional del PRI |