Han pasado más de 10 días desde que se perpetrara el atentado terrorista contra la población en Morelia la noche del grito. El jueves se hizo una reconstrucción de hechos sin que haya habido resultados. Los cárteles locales se acusan entre ellos, aparecen mantas y declaraciones de funcionarios que nada aclaran. Se confirma que en días previos se hicieron llegar a las autoridades amenazas o advertencias de que algo “gordo” iba a pasar y no se tomó medida alguna para proteger a la ciudadanía. Se minimizó la amenaza o, ante la incapacidad para verificar su autenticidad, se descartó y la ciudadanía quedó expuesta.Los terroristas operan en la clandestinidad con sentido de oportunidad; sólo se les puede combatir con un profesional trabajo de inteligencia que lleve a las policías a identificar sus redes, a desenmascararlos y a adelantárseles para impedir los actos terroristas. Después de que iniciaran los operativos contra el narco aumentaron las ejecuciones y el comentario de los encargados de la seguridad pública era que se estaban matando entre ellos. Lo que no puede permitirse en ningún país que se presuma un estado de derecho. Pero esas declaraciones parecían dejar a salvo a los “nuestros”, aunque cada vez queda menos claro quiénes son. Si se incluía a la sociedad “civil”, la respuesta falla porque en Morelia los civiles fueron el objetivo de los terroristas o “narcoterroristas”. Si era una alusión al Ejército y las policías, también falla porque también hay bajas entre ellos y muchos de los “nuestros” están al servicio de “ellos”. Nos enfrentamos al terrorismo sin haber resuelto problemas de seguridad de más sencilla solución. Las cárceles están llenas de ladrones de poca monta a quienes se aplica la ley con todo rigor mientras capos y líderes de secuestradores siguen libres, los traficantes de influencias se siguen enriqueciendo, los alcaldes y los gobernadores corruptos siguen en sus cargos y todos cierran los ojos ante las faltas y los delitos ajenos esperando reciprocidad. Esa fue la historia del priato y lo sigue siendo en los gobiernos de todos los colores. Por desgracia son los países menos desarrollados las víctimas propicias del terrorismo y la delincuencia. No es con más camionetas blindadas como se combatirá el crimen, sino con más educación. Los delincuentes que hoy atentan contra la ciudadanía son aquellos a quienes se educó mal hace 20 y 30 años, y se sigue educando mal mientras maestros bloquean carreteras en protesta porque no se les deja heredar o vender sus plazas. ¿En dónde nos perdimos? La inseguridad lo enturbia todo. El martes asesinaron en Villahermosa, Tabasco, a Alejandro Fonseca Estrada, locutor de Exa FM, cuando colocaba mantas contra la inseguridad. Una de ellas decía: “El secuestro vive hasta que el ciudadano quiere”. Unos encapuchados a bordo de una camioneta con placas de Texas le ordenaron que las quitara. Se negó y le dispararon. El asesinato de un comunicador es la más brutal forma de censura. Me uno a la voz de Ricardo Alemán: ¿hasta cuándo? Periodista |