En recuerdo de Carlos SirventHasta antes del 15 de septiembre, fecha en la que ocurrió el atentado de Morelia, México había experimentado toda clase de violencia excepto el terrorismo. Ahora, desafortunadamente, esa modalidad también ha hecho su aparición. Es verdad que se trata de un paso más en el proceso de degradación anárquica; pero también es, y sobre todo, un salto cualitativo del problema de desorden imperante. Convengamos, pues, en que estamos frente a un nuevo paradigma tanto de la seguridad pública como de la seguridad nacional. Los actos delictivos habían sido, sobre todo, un desafío para el Estado; lo acontecido en la antigua Valladolid es, también, un desafío para la sociedad mexicana en su conjunto. Con todo y lo mal que andábamos, nos habíamos salvado del flagelo del terrorismo; no obstante, de golpe y porrazo entramos en esa dimensión distinta de la violencia delictiva. Es una situación que afecta ya a otros países; igual que una epidemia, este mal se ha ido extendiendo a muchas partes del mundo. Como dice Lugi Bonanate en su libro El terrorismo como perspectiva simbólica, cuya traducción al español está por aparecer bajo el sello de Fontamara: “En la época de la globalización ya no existen tierras felices e inocentes. Todos pertenecemos a una misma sociedad… la dimensión existencial en la que vivimos es la del riesgo.” Ciertamente, no estamos frente a un terrorismo de cuño político como el que desplegaron las Brigadas Rojas en Italia durante los años 80; tampoco estamos delante de actos de inspiración fundamentalista como los ocurridos en Nueva York y Washington en septiembre de 2001. Más bien, encaramos un hecho parecido a los que se escenificaron en Colombia durante la década de los 90 cuando los narcotraficantes comenzaron a poner cochesbomba en lugares concurridos por ciudadanos de a pie. Bonanate afirma que es un gran error limitar el combate contra el terrorismo al campo policiaco. Lo que se debe hacer es usar los mecanismos de la democracia para echar atrás al terrorismo como ocurrió en Italia, que pudo derrotar a las Brigadas Rojas; lo mismo sucedió en Colombia, que ha logrado ganarle terreno a las FARC y los cárteles de la droga. jfsantillan@itesm.mx Académico del Tecnológico de Monterrey (CCM) |