José María Morelos es el hijo más grande de Morelia. Inteligente, valiente y astuto. Incluso, cuenta una leyenda que Napoleón Bonaparte, cuando invadió Rusia en 1812, tras conocer el valor del michoacano, exclamó: “Con cinco generales como Morelos conquistaría el mundo”.Morelos le dio rumbo y destino de victoria a la guerra de Independencia. El cura de Carácuaro no sólo estaba atento a la estrategia militar o al fondo filosófico de la lucha sino, como buen eclesiástico, también atendió los signos y buscó fundar las nuevas tradiciones nacionales. Morelos sembró la idea de festejar el 16 de septiembre a la Independencia nacional. Así consta en el célebre documento fundador de nuestra doctrina independentista, “Los sentimientos de la nación”, en el que dejó claro su deseo de “que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día de aniversario en que se levantó la voz de independencia y nuestra santa libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la nación, para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída, recordando siempre el mérito del gran héroe, el señor don Miguel Hidalgo y su compañero don Ignacio Allende”. Hoy, la cuna de Morelos y esa fecha ya solemne están marcados por un asesinato ruin y bestial. La ciudad de la arquitectura barroca incomparable como el Palacio de Clavijero, sede de los jesuitas; de la soberbia catedral de cantera rosa; del Templo de las Rosas, donde Miguel Bernal Jiménez organizó a los Niños Cantores de Morelia; de las monjas o del imponente acueducto construido por Fray Antonio de San Miguel; hoy esa bellísima ciudad representa el desafío mexicano de recuperar los espacios públicos privatizados por la delincuencia. La antigua Valladolid, fundada por el virrey de Mendoza, “Jardín de la Nueva España” según el propio Morelos, tiene una fractura, no sólo por el ataque a unas familias inocentes e inermes, sino porque se embistió al orden democrático y a la convivencia pacífica en la que vivimos todos los mexicanos. Y esa herida no va a cicatrizar con regateos en la unidad de todos los gobiernos, ni en el pleito partidista. El dolor de Morelia, cuna también de Josefa Ortiz de Domínguez, reclama defender el imperio de la ley, a sus instituciones y a quienes las encarnan, entre ellos al moreliano Felipe Calderón. ¿Cómo pedirle al gobierno federal que castigue a los responsables sin aceptar la autoridad del Presidente? La insinuación oprobiosa que comienza a escucharse de justificar la violencia como fruto de la pobreza es pura deslealtad democrática. ¿Creen que los asesinos de Morelia mataron por hambre? ¿Detonar una granada en una plaza repleta de gente, incluso niños, se justifica por la falta de empleo? Tratar de autorizar el crimen de Morelia con cualquier juicio, verdadero o falso, es consentir el asesinato. Es dar licencia ideológica para matar impunemente. Morelos quería una sociedad igual, cierto. Pero también desterrar al mandamás que decide, a su antojo, sobre la vida de las personas. *** La cuantiosa intervención de hasta 700 mil millones de dólares del gobierno de Bush al rescate financiero deja clara una lección: los ultraliberales, adoradores del mercado libérrimo, perdieron. Para repartir justamente la riqueza no basta la Bolsa de Valores. La “mano invisible” de Adam Smith abusó, permitió la firma de las hipotecas subprime. Ahora la “mano visible” del Estado tendrá que regular y pagar los platos rotos de los especuladores avaros de Wall Street. Presidente nacional del PAN |