Últimamente, como en los inicios de otros sexenios, se han expresado algunas voces por una salida anticipada del presidente de la República, por renuncia o al proponer fórmulas de revocación del mandato.Esta “grilla” es absurda, porque constitucionalmente no es posible y si acaso se cambiara la ley, no significaría esto avance alguno. Veamos por qué. El tema es muy delicado y mucho más profundo que coyuntural. En primer lugar, si incorporáramos en nuestra legislación la figura de la revocación del mandato, no habría presidente municipal que permaneciera tres años en su encargo, ni gobernadores que concluyeran los seis años de su mandato y mucho menos presidente de México que terminara su sexenio. Ponerles a diversos actores y partidos políticos la manzana de revocar el mandato a una autoridad electa es iniciar una era de lucha sin cuartel. En vez de fortalecer la garantía de permanencia en el encargo, se fortalecería la inestabilidad, que agravaría los problemas que se buscan solucionar. En segundo lugar, si el presidente dejara su lugar a otra persona, es ingenuo pensar que de un momento a otro pasaríamos de un país ahogado en el problema del narcotráfico, a un país seguro y en paz. No, señores. El narco está ahí y lo que debemos hacer es unirnos en su combate, no debilitar a nuestros servidores públicos e instituciones. Los mexicanos estamos obligados a apoyar a las autoridades legalmente constituidas. Esto no significa estar siempre de acuerdo, no. En muchas ocasiones habrá que oponerse, pero para ello también hay medios y formas legales. Hoy apenas se respeta a un presidente que va a estar seis años en su encargo. ¿Imagina usted el respeto que tendría un jefe del Ejecutivo que puede ser removido en cualquier momento? Las fórmulas académicas y las figuras legales hay que imaginarlas aterrizadas en nuestra realidad. En México, no se deja gobernar a un presidente por definición. Renuncia o revocación del mandato nos llevarían al siglo XIX. Quienes lo proponen deberían recordar la historia de México en ese siglo. Un siglo de divisiones, golpes de Estado, invasiones, asonadas, dictaduras, que nadie debe olvidar. Si queremos cambios, pensemos en otros. Es mucho más sensato pensar en la reducción del periodo de gobierno y pasar de seis a cuatro años, con posibilidad de reelección. Así podríamos concluir antes los gobiernos ineficaces y mantener unos años más los gobiernos efectivos, pero nunca “tumbarlos legalmente”. ¿O tampoco estamos maduros para ello? emoctezuma@tvazteca.com.mx Presidente ejecutivo de Fundación Azteca |