El establecimiento de un sistema de consulta permanente a la sociedad civil es una exigencia de nuestro sistema democrático, que debe trascender de las urnas a la vida cotidiana. No basta ya con que la voluntad popular se colme cada tres años en una sola jornada electoral; ni es ya suficiente que los intereses de ese electorado se encuentren “representados” por quienes ejercen los cargos de elección popular.Es necesario dar mayor participación a los ciudadanos y a sus organizaciones en el diseño y ejecución de políticas públicas mediante un sistema permanente de consulta a la sociedad civil, con instrumentos como la iniciativa popular, el plebiscito y el referéndum, mecanismos que deben ser elevados a rango constitucional. Hoy, más de 50% de los ciudadanos no se siente identificado con ninguno de los partidos tradicionales y sus candidatos. No sólo ello; la frustración cotidiana en un entorno de violencia, inseguridad e impunidad tiene al ciudadano en un irritante estado de indefensión: la sociedad es rehén y víctima de sus propios gobernantes, que con sus errores e incompetencias se han encargado, con creces, de poner en entredicho a la democracia representativa Cansados de su situación los ciudadanos han decidido actuar. Les sobran razones para la inconformidad y el cambio. Han visto que, organizados, rebasan al gobierno y a los partidos políticos, que no atinan a dar soluciones; en legítimo uso de su soberanía, el pueblo exige resultados, trabajo y compromiso. La marcha efectuada el sábado 30 de agosto por miles de mexicanos, agraviados por el clima de violencia e inseguridad, no deja lugar a dudas. El “¡ya basta!” llegó a todos los rincones del país, pero sobre todo a los escritorios del poder público, impotente e ineficaz para satisfacer la exigencia popular de paz y seguridad. El pueblo siente que se ha abusado de las bondades de la democracia representativa; las instituciones y los viejos métodos que los partidos tradicionales utilizan en su propio beneficio desalientan y obstruyen la participación ciudadana, que descontenta opta por expresar su rechazo a esta situación ausentándose de las urnas. Pero detrás del abstencionismo ante el desprestigio de la política y la ineficiencia de los gobiernos, no votar equivale a seguir igual, a no cambiar, a que los problemas prevalezcan y no se resuelvan. Lo grave es que esta inmovilidad del elector potencial sólo beneficia a los partidos tradicionales y al continuismo. Y el siguiente escenario es el de una mayoría ciudadana abúlica, frustrada y desinteresada, gobernada por una minoría. A menos que tome por el otro camino: el de la calle, el de la fuerza para hacerse escuchar. ¿Es posible encontrar una fórmula intermedia entre la democracia representativa y la democracia directa? Creo que sí. Las democracias consolidadas en otros países han incorporado a su legislación diversas fórmulas como las enumeradas, así como la creación de consejos técnicos ciudadanos y nuevos mecanismos de rendición de cuentas que suman la fuerza de la sociedad al cauce de la gobernabilidad; nosotros estamos en posibilidades de hacerlo por la vía de la legalidad y en abono de nuestras instituciones. Es tiempo todavía. luismaldonado@senado.gob.mx Senador de la República, presidente del CEN de Convergencia |