La izquierda se posicionó en 2006 como opción de gobierno. El fracaso de la derecha, en tanto alternativa para crecer, frenar la impunidad y mejorar las condiciones de vida, le abrirá una nueva oportunidad para 2012. Esa oportunidad se construye desde ahora: tendría que reparar sus divisiones, evitar ser arrastrada por las provocaciones y potenciar —mediante una estrategia coordinada— sus fortalezas en el Congreso, los gobiernos locales y el movimiento social.La división que prevalece es producto de un debate insuficientemente resuelto sobre la mejor estrategia a seguir para aprovechar el capital político de 2006, unos procedimientos inapropiados de elección interna en el PRD y problemas de trato en muchas relaciones personales que debieron corregirse con oportunidad. En un ambiente de unificación ideológica de la derecha y, sobre todo, la movilización de sus temores e intereses, estas fragilidades han sido aprovechadas por sus adversarios para poner a la izquierda, aún más, al borde del precipicio. Es indudable que si la izquierda se divide, por la incapacidad del PRD para resolver su crisis interna, la izquierda tendría un descalabro de tal magnitud en 2009 que le impediría competir por la Presidencia en 2012. Esta situación tiene remedio. En días se celebrará el Congreso del PRD. La solución política es posible. A todas las fuerzas que componen el PRD les conviene evitar la división. Alejandro Encinas ha dejado el camino abierto para evitar la ruptura, al aceptar la nulidad de su elección. A sus aliados de IDN, les resultaría suicida abandonar el PRD, cuando tienen abiertos espacios amplios de desarrollo. A Jesús Ortega y Nueva Izquierda, cualquier desenlace les asegura ser la primera fuerza interna. A sus aliados de ADN, se les abren nuevas posibilidades de influencia interna. Los aliados del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, en cualquier arreglo, tendrán un papel de liderazgo relevante. Ninguno de los otros grupos puede ganar nada adicional fuera del PRD. La solución de la crisis interna enviará de inmediato un mensaje al gobierno y a las otras fuerzas políticas: habrá una posición única (las iniciativas del FAP) en materia de reforma petrolera. En ese contexto, cualquier voto diferenciado de legisladores del FAP les resultaría indefendible a quienes lo intentaran. Un acuerdo dentro del PRD para transitar unidos al 2009 facilitaría la conservación de la alianza legislativa y política del FAP, una política de alianzas en los distritos de mayoría donde cualquiera de las tres fuerzas sea competitiva y una campaña común para aumentar su acceso a los medios. La unidad de la izquierda, en coordinación con el movimiento social, hará más difícil que el gobierno asuma posiciones intolerantes e inflexibles en la reforma petrolera. Contra el desbordamiento de las pasiones, apuesto a la inteligencia política de los principales líderes de la izquierda y a su responsabilidad para seguir posicionándose como una esperanza de cambio. Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista |